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Este es un espacio creado para tener interacción con todas aquellas personas que se interesen en la novela Para decir adiós: Las dos Princesas, publicada por Editorial Endira, la cual se encuentra a la venta en librerías de México y en todo el mundo mediante Paypal en compra directa aquí en el blog.

lunes, 18 de abril de 2016

CAPÍTULO SIETE: LÖRIA






Feliz inicio de semana les deseo a todos los amigos que me hacen el favor de regalarme unos minutos para leer este blog de Para decir adiós: Las dos Princesas.

Hoy quiero compartir con ustedes el capítulo VII, el cual es muy especial para mí, porque es en el que se introduce al personaje que a la larga llegará a ser el central de toda la saga.

En un inicio Löria estaba destinada a ser la acompañante y guía de Montserrat, sin embargo a veces los personajes cobran cierta vida y le van exigiendo a nuestras musas ir tomando mayor preponderancia.

Eso fue lo que pasó con Löria, quien de ser el personaje secundario de mayor realce en la historia, se terminó por transformar en la indiscutible protagonista.

Este será el último capítulo que comparta por este medio, espero sea de su agrado y me comenten que les ha parecido.

Me disculpo por no estar agradeciendo cada uno de los +1 otorgados tan generosamente, tal como antes lo venía haciendo, pero han sido semanas de bastante trabajo, con la revisión del libro y la ilustración de la portada, espero poder pronto ponerme al corriente en eso.

Saludos afectuosos, muchas gracias.   







Capítulo VII.
Löria.


La hora de dormir había llegado ya desde hacía unas horas, la pequeña había esperado pacientemente a que todos en casa estuvieran dormidos, no quería arriesgar a nadie a acompañarla a ese terrible viaje, ni siquiera a Javier y Laura que siempre la hacían sentir protegida, por su parte Javo a pesar de sus constantes bravuconadas tampoco podía ser llevado a recorrer este peligroso camino y a pesar de lo mucho que le aterraba por primera vez no contar con la protección de alguno de sus seres más queridos, descender al infierno para buscar a Colorcito era algo que ella tenía que hacer por sí sola, quedamente se puso de pie para no despertar a Javo, estaba pensando en cómo podía llegar al infierno cuando volteó a ver el gastado libro y recordó que ni siquiera Dante había realizado solo su travesía, el contó con la ayuda del poeta Virgilio, sin embargo quién podría tener el suficiente valor para acompañarla a ella al lugar más terrible al que se pudiera viajar.

Se encaminaba a la puerta con esa idea aún en su mente cuando una fuerte luz iluminó su ventana, de inmediato, alarmada corrió hacia ella para intentar bloquearla de alguna manera, pensando que su vigilia de nada habría servido si la potencia de aquella luminosidad despertaba a Javo y  por supuesto éste haría todo lo posible por acompañarla, sin embargo la luz no despertó a nadie, al parecer solo podía ser vista por ella, aquel fulgor fue acercándose más y más hacia el interior del cuarto mientras iba tomando tonalidades verdes y naranjas, la niña se frotó fuertemente los ojos intentando enfocar su mirada, pero a primera vista no pudo distinguir qué era lo que  provocaba aquél fuerte destello, hasta que el fulgor se hizo menos radiante, fue entonces cuando pudo divisar un diminuto punto brillante, tanto como una estrella, éste se fue acercando aún más a la ventana hasta que estuvo a punto de impactarse contra ella, Montserrat quien parecía haber caído bajo un encantamiento por parte de aquel pequeño punto luminoso, no pudo moverse, incluso cuando la luz atravesó por la ventana sin romperla.

La pequeña, quien seguía embelesada, no pudo hacer más que estirar su mano para tratar de alcanzarla, aquel intenso fulgor pareció aceptar el toque de la pequeña, porque dejó que ella acercara su mano hasta que hicieron contacto, en cuanto la piel de la pequeña acarició aquella luz, una sensación reconfortante la cubrió por completo, como la que sentía al escuchar la dulce voz de Laura o como las cariñosas palabras de aliento o afecto que le profesaba Javier cuando la levantaba después de alguna caída, la luz se alejó de la mano de la pequeña pero solo para acercarse hacia su rostro y comenzar a moverse delicadamente alrededor de ella en una especie de elaborada danza, cuando pasó cerca de sus oídos, la niña pudo escuchar el singular sonido que aquel mágico fulgor emitía con cada movimiento, parecía un coro cantando una tierna melodía, acompañada por un sonido que le hizo recordar un programa de televisión que alguna vez vio en compañía de su padre, donde tocaban unos instrumentos que le resultaron de apariencia muy simpática y que Javier le aclaró se llamaban gaitas, aquella inusual y danzarina luz a pesar de la noche y del viaje que tenía pendiente por realizar, en vez de aterrarla le provocó  un tranquilizante efecto que incluso le hizo abandonar todo la tristeza y el temor que hasta entonces había sentido.

Montserrat continuaba absorta en esa serenidad cuando vino a darse cuenta que la luz había detenido su danza, encontrándose ahora estática en lo alto, entre la pared y el techo, la pequeña alzó las manos tratando de alcanzarla nuevamente pero la pequeña luz ahora se movió para evitar el contacto con rápidos desplazamientos que ya nada tenían que ver con aquel ritmo que le había hecho parecer que el fulgor se movía al compas de la música que su propia actividad producía.

Mientras el punto brillante se sacudió de un lado al otro evitando que la niña lo atrapara, fue despidiendo un polvo que resplandecía con la misma intensidad que la luz que lo producía, entretanto aquellas partículas fueron cayendo hasta alcanzarla, la niña se percató que era inútil intentar sostenerlas en sus manos ya que desaparecían  en cuanto hacían contacto con sus extremidades, su rostro o contra cualquier superficie del cuarto, mientras Montserrat veía como aquella nube caía llenándolo todo de un mágico brillo pensó que dicha sustancia no podía tratarse de otra cosa más que polvo de estrellas y sin pensar si podía despertar a alguien más, gritó llena de alegría:

 ¡Eres una estrella fugaz!

Al darse cuenta de lo que había hecho se tapó la boca como si con aquella acción pudiera haber hecho que las palabras que había emitido regresaran hasta ella, cuando se percató que su sonoro grito no había tenido consecuencias, continuó con su alegría, pensando que si lo que fuera que se encontraba flotando dentro de su propio cuarto, era precisamente una estrella fugaz, podía entonces evitar el viaje al infierno, ya que podría pedirle como deseo saber donde estaba Colorcito.

Para cuando estaba a punto de pedir aquel deseo, una idea aún mejor le sacudió de repente, pues que caso tenía saber adonde había partido Colorcito cuando podía desear que regresara con ella, pero justo en el momento en que la niña cerró los ojos apretando con fuerza sus manos mientras su cuerpo temblaba de emoción, deseando con todo su corazón que aquella estrella fugaz cumpliera su anhelo, súbitamente la pequeña estrella cesó de moverse y bañar al cuarto con su brillante polvo estelar, al quedarse estática hizo parar también aquella melodía, la súbita quietud hizo que sorprendida la pequeña abriera los ojos y terminó de pedir lo que en ese momento más ansiaba, intrigada intentó alcanzar nuevamente aquel resplandeciente punto pero justo cuando hizo contacto con él, de improviso como el golpe de un relámpago, una luz más brillante que cualquiera que la pequeña niña hubiera percibido en su vida, inundó completamente el cuarto.

Pasaron varios segundos antes de que aquel brillo comenzara a disiparse permitiendo que Montserrat estuviera nuevamente en condiciones de poder volver a ver, para cuando sus hermosos ojos alcanzaron por fin  a percibir una imagen con claridad, su sorpresa fue enorme, la pequeña estrella había desaparecido, en su lugar se encontraba una alta mujer, la mujer más hermosa que había contemplado en sus siete años de vida, incluso más hermosa que cualquiera de las Princesas que hubiera visto en los cuentos que tanto le gustaban.

Parecía sacada de una de aquellas historias de las Mil y una Noches que Javier le contó con tanta emoción a Javo y a ella, pero ni siquiera la misma Scheherezada, ni ninguna otra de los personajes de aquel relato, debía ser tan impresionante como aquella mujer, su tersa piel era bronceada, con un largo cuello que le brindaba una imponente elegancia e incluso le confería un cierta imagen de arrogancia, la hermosa mujer caminó hacia ella de una forma que parecía que en vez de caminar flotaba sobre el vaivén de las olas, y no de esas olas que te golpean bruscamente sino de aquellas pequeñas olas que se encuentran en un mar lleno de calma y paz.

Mientras la joven mujer se acercaba a ella, la pequeña  pudo ver su rostro, el cual brillaba igual que todo su cuerpo, tal como antes lo había hecho el polvo de estrellas, al verla con detenimiento, la niña se percató que era precisamente aquella mujer quien despedía dicho polvo con cada rítmico paso que daba, tenía la nariz afilada, un pequeño lunar al lado de su ojo derecho que le otorgaba a su rostro una apariencia única y sus labios a pesar de parecer no tener ningún tipo de pintura tenían tres tonalidades que iban del violeta al rosa, su espigado cuerpo estaba cubierto por una especie de capa con capucha, toda de color blanca, sin embargo dejaba ver en el frente lo que parecía ser un largo vestido con una increíblemente extensa cola que parecía tener movimiento propio, su ropa era de un matiz que iba del rojo al naranja, en la parte baja del mismo tenía incrustados lo que parecían múltiples y diminutos pétalos de tulipanes, sobre su cabeza tenía una especie de tiara adornada con lo que parecían estrellas muy brillantes, la cual le cubría las sienes pero le dejaba despejada la frente, la pequeña pensó que lo único que quizá podía opacar un poco su extraordinaria belleza era la tristeza que reflejaba en su mirada, la que se hacía más notoria por lo adusto de su gesto, cuando pudo superar aquella primera impresión se percató de algo que de improvisto había surgido del cuerpo de la etérea mujer, lo cual la maravilló aún más.

Lo que vio le resultaba totalmente inverosímil, por lo que se esforzó para creer con todas sus fuerzas que la imagen frente a sus ojos era real, que algo efectivamente había salido de la espalda de aquella sublime mujer, los emocionados ojos de Montserrat se llenaron de lagrimas cuando no tuvo más que aceptar que sus radiantes ojos no le engañaban,  lo que le emergía de la espalda a la brillante dama, eran alas, se talló con mucha fuerza los ojos y volvió a observar solo para comprobar que efectivamente eran alas, transparentes y brillantes alas, entonces la pequeña quiso decir algo pero no pudo, la sorpresa le robó la voz.

De repente la Hada comenzó a toser dirigiéndole una mirada cómplice a Montse, la pequeña la vio fijamente, pero no pudo responderle nada, la Hada volvió a toser ahora más fuerte pero viendo en esta ocasión hacia una esquina del cuarto, Montse volvió su mirada en esa dirección y vio a una diminuta criatura del tamaño de un ratón, de largas orejas hacia atrás, con una desordenada melena que le cubría parte de la espalda, un hocico grande del cual sobresalían dos pequeños colmillos inferiores romos, la cual corría encorvada y apoyada en uno de sus largos brazos como los de un gorila, llevaba abrazada una pequeña burbuja que tenía adentro algo brillante, Montse quiso preguntar que era aquello pero su garganta no emitía sonido alguno, ante los acontecimientos, ya desesperada, la Hada le dijo rudamente:

“Corre tras él niña, que no ves que la sorpresa te roba la voz”

Montse no supo si reír o echarse a correr tras la extraña criatura, quien las volteaba a ver con desconfianza apretando aún más su preciada carga, Montse estaba paralizada entretanto la Hada extendió una de sus manos moviéndole a la pequeña el cabello de entre las orejas, mientras le dijo:

“Pero si aquí están, creí que también te las habían robado, por qué es entonces que no me entiendes niña, no oyes que la sorpresa se roba tu voz, corre tras el no querrás perseguirlo hasta el hoyo apestoso y diminuto en el que vive”

Aquello le pareció a Montse un trato un poco rudo para un Hada, pero se dirigió corriendo tras la criatura, quien le comenzó a gruñir mientras se dirigía debajo del armario, Montse quiso decirle al Hada:

“¿Qué hago ahora,  cómo lo atrapo?, no puedo entrar debajo del armario, el espacio es muy pequeño y pesa mucho, ni las dos juntas podríamos moverlo.”

Pero solo alcanzó a manotear y hacer cómicas muecas tratando de darse a entender, por lo que viéndola con detenimiento la Hada le respondió:

“Tienes razón no podrías caber ahí, a menos que con un encantamiento redujera tu tamaño, y sí, en efecto se ve que es un objeto demasiado pesado, por cierto ¿De qué material es?,  en verdad que se trata de un mueble muy feo, imagino que tú lo debiste haber escogido, en verdad que mal gusto.

Entre molesta y fascinada, la pequeña no podía dejar de ver al Hada, totalmente intrigada por la forma en la que aquella mujer se había enterado de lo que pensaba, mientras la veía con cierto desdén la Hada le dijo:

“No te sorprendas, y créeme, tengo muchas habilidades, pero entre ellas, no está el leer la mente, justo es eso lo que te estabas preguntando ahora, verdad.

Que cómo se lo que piensas entonces, pues verás, es solo que puedo ver las ideas de las personas incluso antes de que lleguen a sus mentes, y no niña, no es lo mismo,  verás hay un espacio allá en el Reino Etéreo, en que diminutas criaturas llamadas Dënkenn*,  muy parecidas a las que ustedes llaman arañas, están tejiendo las ideas de los mortales, luego cuando las han terminado, las dejan caer para que lleguen a ustedes, no, por supuesto que no tienen peso.

Podrías dejar de interrumpirme, entonces vienen flotando hacia las personas, algunas Hadas, no creas que todas, solo las verdaderamente inteligentes, podemos leerlas mientras caen, ah y por cierto no soy ruda, ni grosera, solo tengo la mala costumbre de decir las cosas tal cual como las pienso, verás ni a  las Hadas ni a ningún otro ser del Reino Etéreo o con gran afinidad a la magia, las Dënkenn nos tejen las ideas, lo cual por cierto sería muy útil para poder anticipar los movimientos de un grifo salvaje, por cierto no sé porque estoy diciéndote todo esto, en general suelo ser muy reservada, en fin, en que estábamos, ¡Ah¡  pero si es cierto niña, no querrás perder permanentemente tu voz.”

Montse movió la cabeza de un lado a otro en señal de negación, mientras la Hada siguió diciéndole:  

“Bueno, ¿qué podemos hacer entonces?, ¡Ah¡  te preguntas si tengo poderes mágicos, pero que preguntas haces pequeña, por supuesto que si niña, tengo un  fuerte vinculo con la Magia, pero no la voy a malgastar en una criatura tan ordinaria y poco asombrosa como lo es la sorpresa, ¿Oye ese qué está ahí acostado es tu hermano?”

Montse la vio sorprendida asintiendo con la cabeza, mientras se preguntaba por qué se distraía de tal forma esa Hada, qué tenía su hermano que ver con todo lo que estaba pasando y lo más importante, en qué forma ayudaría aquello a que pudiera recuperar su voz, para cuando recordó a las Dënkeen volteó apenada hacia arriba esperando ver caer las redecillas con sus ideas, la Hada las ignoró totalmente y siguió diciéndole:

“Pero que niño tan alto y que voz tan hermosa tiene, es tan ronca y potente, debo decir que nunca había visto una voz como esa, grandiosa, en definitiva, magníficamente fuera de serie”

Mientras la Hada continuaba profiriendo halagos a la voz de Javo, la criaturilla se asomó tímidamente de entre el armario, saliendo finalmente en dirección hacia la cama del niño dejando caer la pequeña burbuja que llevaba abrazada, subió torpemente la cama, mientras se dirigía hacia el rostro del profundamente dormido pequeño la Hada se movió tan rápidamente que Montserrat ni siquiera la vio desplazarse hasta que ya estaba tomando a la criaturilla de su larga cola, diciéndole mientras él se sacudía violentamente intentando liberarse:

“Lo siento sorpresa, te sorprendí, ja ja ja, sigues cayendo en el mismo truco, seguramente ni siquiera recuerdas hace cuantos siglos fue la primera vez que te lo hice.”

Continuaba riendo cuando volteó a ver a la angustiada Montse, quien aún seguía sin proferir palabras, así que la Hada le dijo a la criatura seriamente:

 “En fin, no tiene importancia.”

Mientras la Hada se acercaba a la pequeña extendiendo el brazo para que esta pudiera ver de cerca a la horrible criaturilla, ésta seguía balanceándose torpemente gruñendo de vez en vez,  una vez constató que Montse ya le había visto, la Hada la retiró de su vista mientras le dijo:

“Pues esa que ves, pequeña, es la sorpresa, debo decirte que no siempre es así de horrorosa, de hecho puede ser muy linda, eso depende solo de ti, claro que en estos momentos estas muy nerviosa y asustada por el viaje que nos espera, pero puedo ayudarte también con eso.”

La Hada tomó con  la mano que tenía libre la cabeza de Montse, se inclinó ante ella y le dio un beso en la frente, diciéndole después:

“Es el beso de la tranquilidad, te acompañará durante el viaje”

Montse de inmediato sintió una tremenda paz, entonces la Hada le dijo:

“Que quieres no solo soy bellísima y muy inteligente, sino que tengo mágicas habilidades de Hada, debo vivir también con esa enorme carga.”

La pequeña le sonrió, mientras la Hada sin corresponderle aquel gesto de amabilidad  volvió a extender el brazo en el que sostenía a la sorpresa para acercarla nuevamente a la pequeña, mientras le decía:

“Que te dije hace un momento de la sorpresa”

Montse vio que la horrible criaturilla que la Hada sostenía en su mano ya no estaba, ahora  en cambio frente a ella  había un hermoso y diminuto Pegaso de color azul, la Hada le soltó el ala y el caballo alado revoleteó alrededor de Montserrat, mientras nuevamente con cierto desdén la Hada le dijo:

“Efectivamente, soy un Hada.

Por supuesto, viajaremos juntas hasta el infierno.

Por cierto, me llamo Löria*.

Mmm, lo ves, justo ahora se acabó la sorpresa.”

En el preciso momento en que Löria, terminó de decir aquello, el Pegaso se desvaneció, Montserrat se hubiera maravillado y vuelto a sorprender por la desaparición del alado caballo de no ser por los efectos del beso de la tranquilidad.

La Hada tomó la burbuja que había sido soltada por la sorpresa instantes antes y que ahora flotaba sin control por el aire,  vio con detenimiento el interior en donde se encontraba una pequeña campana formada de luz y con desgano le dijo a Montse:

“Así que esta es tu voz, nada espectacular la verdad, es más, para mí que es un poco chillona, en nombre de la Magia que viaje me espera a tu lado, con lo que a mí me irritan las voces chillonas”

Montse la volteó a ver verdaderamente molesta, con un pensamiento en mente,  la Hada le abrió la boca con una mano y con la otra introdujo ahí la burbuja diciéndole:

“No, por supuesto que no es dulce, es chillona, definitivamente chillona, el que te haya dicho eso de que es una dulce voz debe estar certificadamente fuera de sus cabales, loco, demente, enajenado, pirado  o como tú quieras llamarle.”

La pequeña solo frunció el ceño notablemente irritada ante los escasos modales de aquella Hada, mientras dijo en voz alta:

“Que suerte la mía, me tenía que tocar un Hada madrina tan grosera.”

Al escuchar aquello los pensamientos de Löria se perdieron y mientras su mente divagaba, en sus ojos se reflejó una enorme tristeza, Montserrat la vio preocupada deseando contar con las habilidades de las Hadas para poder conocer que era lo que tanto había preocupado a Löria y en forma condescendiente le dijo:

“Pues a mi tu voz me parece muy bella, un poco ronca, pero bella.”

La Hada volvió del lugar al que su mente la había llevado y le dijo a la pequeña en forma un tanto menos ruda:

“Bueno, basta de voces, pasemos a cosas mucho más importantes, nos espera un viaje de ida y vuelta, eso espero, al mismo infierno.”

Mientras la pequeña se estremeció, a pesar de los efectos del beso de la tranquilidad, Löria la tomó del hombro y agregó:

“Pero créeme, me han contado que en verdad no es un lugar tan desagradable, quizá un poco caluroso para algunos, más en invierno, solo hay grandes llamas, uno que otro grito, alaridos, quejas y eso si bastante sufrimiento, nunca he estado ahí, pero te diré algo, creo que está bastante sobrevalorado.”

Sin darse cuenta aún que sus palabras en vez de lograr tranquilizar a la pequeña seguían preocupándola aún más, Löria añadió:

“Dicen que para cuando te acostumbras a él te das cuenta que no es tan feo y terrorífico después de todo, bueno al menos no para todos, claro depende mucho del pecado que hayas cometido, pero si estas de visita dicen que puede incluso resultar emocionante, vamos es un sitio un poco pintoresco y simpático en definitiva.”

Luego la tomó de la mano y mientras le daba un fuerte jalón le dijo:

“Es muy tarde ya, ¿nos vamos?”

Mientras Montserrat la veía sin poder evitar pensar qué tipo de Hada era aquella, Löria le dijo sin siquiera voltear a verla:

“Por cierto, no soy tu Hada madrina.”

Luego la volteó a ver y sonriéndole por primera vez, agregó:


“No tienes tanta suerte.”


2 comentarios:

  1. Hermoso cómo todo lo que escribes! Gracias por compartir una vez más. Un fuerte abrazo!

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    1. Hola amiga, en verdad me alegra mucho que te haya gustado este capítulo en particular, es de mis favoritos por el enorme amor que le tengo al personaje, saludos.

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