Bienvenidos.

Este es un espacio creado para tener interacción con todas aquellas personas que se interesen en la novela, Para decir adiós: Las dos Princesas, publicada por Editorial Endira, la cual se encontrará a la venta a partir de febrero de 2017 en librerías de México y en todo el mundo en versión digital vía Amazon.

jueves, 31 de marzo de 2016

Enlaces a Capítulos uno al siete y doce de Para decir adiós: Las dos Princesas







Buen día, estamos a punto de terminar el tercer mes del año, el tiempo pasa volando. 

Quiero agradecer enormemente a todos aquellos que le han prestado su invaluable consideración a mi novela Para decir adiós: Las dos Princesas, leyendo cada uno de los capítulos que he estado publicando, millones de gracias por compartir mi sueño.

Hoy quiero compartir los enlaces de los capítulos previos, para su fácil localización dentro del blog, de tal forma para aquellos que me han hecho el favor de leer el capítulo VI, publicado ayer, y que quieran adentrarse en el resto de episodios previos, puedan ubicarlos con mayor facilidad.

También comparto el enlace del capítulo XII, “El mago y la Princesa”, el cual puede leerse independientemente del resto de episodios, puesto que se trata de un cuento conclusivo narrado dentro de la historia. 


Millones de gracias por su apoyo a la historia de Löria y Montserrat.






CAPÍTULO 1. Un reino solitario.





CAPÍTULO 2. ¿Volveré a verlo?




CAPÍTULO 3. La visita.




CAPÍTULO 4. La silla vacía.




CAPÍTULO 5. En detención.




CAPÍTULO 6. Dante y Beatriz.

 Enlace capítulo VI




CAPÍTULO 7. Löria. 


Enlace a capítulo VII







CAPÍTULO 12. El mago y la Princesa.

miércoles, 30 de marzo de 2016

CAPÍTULO SEIS: DANTE Y BEATRIZ.






Buen día, gracias por regalarme unos minutos de su muy valioso tiempo para compartir con ustedes mis historias, el día de ayer recibí una enorme noticia y otra que no lo fue tanto.

Comenzando con las buenas nuevas, les comparto la imagen que será la portada de Para decir adiós: Las dos Princesas, en lo personal me ha encantado, puesto que como lo saben todos los amigos que me han hecho el favor de seguir la narración, Colorcito es el eje del que parte el andar de los sentimientos de los personajes centrales. 

Desgraciadamente se me comunicó también que el libro no estará disponible en lo que resta de este año y que por el contrario será hasta febrero de 2017, cuando se encuentre a la venta. 

Lo anterior obedece a la política de los centros de distribución en México, los cuales reciben libros hasta noviembre, por lo que de imprimir actualmente el libro no se alcanzaría a colocar bien en librería lo que redundaría en su exhibición. 

Así que será hasta las fechas previas a San Valentín cuando por fin pueda tener en mis manos a mis dos Princesas. 

Hoy les presento el capítulo VI de Para decir adiós: Las dos Princesas, ojala sea de su agrado.

Aquí en el blog se encuentran los cinco capítulos previos, así como el número doce.
CAPITULO 6:
DANTE Y BEATRIZ



Máximo Gordillo Rueda, era el nombre del Director, según pudo ver Montserrat en la placa que se encontraba sobre el escritorio, era la primera vez que sabía cómo se llamaba aquel hombre, que para los ojos de la niña tenía toda la apariencia de un ogro, pues era poseedor de la estatura y complexión de tres hombres robustos y con una ronca voz que solo se escuchaba para proferir gritos como:  ¡No corran en los pasillos¡ ¡No pueden comer ahí¡ ¡No se puede hablar durante el homenaje¡ ¡No esto¡ y ¡No aquello!, de hecho nunca le había escuchado una palabra que no fuera precedida por el "no".



Durante su estancia en la escuela, la pequeña solo lo había conocido como el Señor Gordillo o como el Director Gordillo, apelativo que de por si a todos los pequeños les resultaba divertido dado su físico y a Ana le había otorgado materia para innumerables bromas, la pequeña sonrió por un momento pensando lo que la ocurrente niña diría en cuanto pudiera contarle que el Director no solo se llamaba Máximo, sino que su segundo apellido era Rueda, seguramente no pararían de reír en cuanto se lo dijera.

A pesar de la sonrisa que tenía en el rostro, Montse no podía evitar ser un manojo de nervios, nunca había visitado la dirección, durante su corta estancia en la primaria consideraba haber sido una estudiante ejemplar que lo único que había provocado a sus padres eran alegrías por los constantes reconocimientos y halagos que recibían por parte de sus maestros, seguramente a partir de ahora todos se encontrarían decepcionados de saber que la niña ejemplar se encontraba en la dirección, mismo lugar que Montse siempre había imaginado como una especie de calabozo obscuro y húmedo, con grilletes en el piso y con niños encadenados a ellos sufriendo terribles castigos por parte de un maligno asistente del Director Gordillo, pero por el contrario a todo lo que podía haber fantaseado, aquel era un sitio bastante confortable, muy iluminado y sumamente ordenado, en el fondo se podía ver una vitrina en donde eran exhibidos varios juguetes, que de inmediato pensó se trataban de todos los objetos confiscados por el Director en el transcurso de su carrera, los cuales seguramente exhibía como un trofeo para demostrar lo severo que era.

Montserrat escuchó que la puerta se abría y el imponente sujeto entró a través de ella, la pequeña sintió que su sombra le cubría completamente oscureciendo el cuarto entero, al verlo no pudo evitar preguntarse cómo alguien con semejante tamaño podía haber pasado a través de aquella puerta que ahora le parecía tan diminuta, seguramente se trataba de una especie de mágico portal que a una orden de la voluntad de aquel gigante cambiaba de tamaño para poder dejarlo entrar a aterrorizar a sus pobres victimas.

Al ver al Señor Rueda aproximarse hasta ella con pasos que sentía hacían temblar al cuarto entero, de inmediato bajó la cabeza con una mezcla de vergüenza y de temor, el Director se dirigió hacia la enorme silla que se encontraba atrás de su escritorio y se dejó caer sobre ella, para la imaginación de Montse aquel acto cimbró el edificio entero e incluso sintió que ella se había elevado algunos centímetros siendo separada de su asiento, sus cavilaciones terminaron de pronto, cuando escuchó con aquella voz que para ella sonaba como una especie de pavoroso rugido animal:

 “¿Qué fue lo que pasó?, mi querida pequeña”

Montse se quedó sorprendida, acaso habría escuchado bien, sería posible que el trauma provocado por los terribles acontecimientos ocurridos durante el recreo le estuvieran haciendo imaginar cosas, estaba justo enfrente del mismo Director Gordillo, pero no hubo gritos, ni siquiera un pequeño regaño, no era posible que la persona que tenía frente a ella viéndola con dulzura y el pavoroso Director que la había aterrorizado durante todo un año fueran la misma persona, éste gentil gigante no podía ser el pavoroso ogro que había visto recorrer los pasillos del colegio imponiendo el orden con su voz de trueno, todo aquello no era posible, este sujeto ni siquiera había antepuesto el no al resto de sus palabras.

Con todas aquellas ideas en su mente, de momento la pequeña no supo que responderle y solo logró alzar tímidamente la mirada pero sin atreverse aún a ver directamente a aquel enorme hombre, por lo que prefirió dirigir su mirada a la vitrina atestada de juguetes, acto que de inmediato fue notado por el Señor Gordillo, quien le dijo tan gentilmente como le fue posible:

“Es obvio que te gustan, verdad, todos ellos son magníficos, no creas que es presunción, pero son mi orgullo, una colección hecha a través de toda una vida.”

Después de una pequeña pausa en la que se dirigió a la vitrina para tomar un robot de hojalata,  añadió: 

“Cada uno de los juguetes que vez ahí, es mío.”

Sorprendida, pero principalmente apenada ante lo que había pensado minutos antes, Montserrat viéndole directamente por primera vez, le lanzó al Director una inocente mirada llena de incredulidad, que decía:

“Cómo pueden ser suyos, usted es un adulto y no uno ordinario usted es un Director”

Aquel gesto fue perfectamente interpretado por el señor Gordillo, quien añadió sonriendo:

“Te parece increíble, verdad, ves aquel viejo cohete espacial de madera, el amarillo que está en la tercera repisa, lo compré con mis ahorros de todo un año, por supuesto hace ya muchos años cuando aún era un niño, claro tú deberás pensar que eso fue en la prehistoria.”

Montserrat le sonrió con complicidad, mientras imaginaba al Sr. Gordillo sujetándose con ambas manos un enorme taparrabo hecho de piel de tigre dientes de sable, el cual se le venía cayendo mientras huía mediante cómicos saltos de un hambriento T- Rex que estaba a punto de darle alcance con sus enormes fauces, siendo en el momento en que la pequeña estaba a punto de soltar la carcajada cuando fue traída de vuelta a la realidad por la  voz del Director, quien continuó diciéndole:

“El día que por fin lo compré no pude hacer nada más que no fuera jugar con él, imaginaba que sobrevolaba la luna y rodeaba cada uno de los anillos de Saturno, estaba tan llenó de dicha, que incluso esperé a que mis padres se durmieran para poder seguir imaginándome en el espacio durante toda esa noche.

Todos ellos siguen aquí por una sola razón, pues cada que los veo recuerdo la enorme dicha que durante toda mi infancia me proporcionaron, comprenderás por qué eso me ayuda a no olvidar todo lo que realmente significa ser un niño.”

Montserrat vio a aquel hombre con cierta admiración, incluso dejó de verle como un enorme ogro, entonces al observar nuevamente detrás de él a todos aquellos viejos pero resplandecientes juguetes, todos tan coloridos que irremediablemente le extendían una amistosa invitación a pasar interminables horas de diversión, entendió perfectamente de lo que hablaba aquel adulto, el cual al ver la expresión de la niña le respondió con una sonrisa cómplice, aquello logró que momentáneamente la tensión se disipara, hasta que el Sr. Gordillo, recobrando la seriedad le volvió a preguntar:

“Entonces, ¿Qué fue lo que pasó?, Montserrat.”

La pequeña, hecha un manojo de nervios, nuevamente no supo que contestar, hasta que oportunamente el Director Gordillo intervino en su ayuda, diciéndole tan dulcemente como podía hacerlo aquella grave voz:

“Una niña tan buena como tú, debe haber tenido una poderosa razón para hacer lo que hizo.”

Aquel acto de comprensión le otorgó a Montse la confianza para narrar todo lo que había ocurrido, como había sido provocada por Ava y el resto de sus amigas, explicándole a aquel amigable adulto que a cada momento que transcurría le parecía más simpático, que no pudo soportar que aquellas niñas atacaran a alguien que siempre fue amable con todos y nunca les hizo daño alguno, mencionándole  además que lo que más le llenó de rabia fue el que Angélica no hubiera estado presente para poder defenderse por sí misma, el señor Gordillo la escuchó con atención y cuando la niña terminó su atropellada explicación, se quedó callado por unos segundos viéndola directamente a los ojos, hasta que le dijo muy seriamente:

“Ni siquiera una acción tan vil, como el menospreciar a alguien por su físico o su condición social, justifica responder con un acto de violencia”

Montserrat se ruborizó y no pudo seguir sosteniéndole la mirada, sus amigas y ella, en muchas ocasiones se habían burlado de aquel hombre por su rolliza complexión, entonces la pequeña se llenó de vergüenza, sus actos habían sido igual de viles que lo hecho por Ava y las otras niñas, por tanto se sintió una hipócrita por haberse llenado de rabia por un acto de discriminación, ahora ya no experimentaba ningún orgullo por haberse erigido en la ufana defensora de Angélica, el incomodo momento fue roto por aquel hombre, quien veía a la pequeña con escrutinio como si estuviera leyendo todas las ideas que se le arremolinaban en esos momentos en la cabeza,  entonces le dijo comprensivamente:

“Dale pequeña, no te agobies de tal forma, que todos cometemos errores, los adultos vivimos equivocándonos en una y otra cosa, solo que muchas veces no los reconocemos, lo importante para convivir en paz  es aprender a ser pacientes y sobre  todo no ser tan duros al  perdonar las fallas de otras personas”

Montserrat, levantó la mirada, lo vio a los ojos y aún llena de vergüenza, solo alcanzó a responderle con total sinceridad:

“Lo siento señor Gordillo, en verdad siento haberle pegado a Ava, le prometo con el corazón que me disculparé con ella y por favor créame, no volveré hacerlo nunca, nunca jamás.”

Él enorme hombre la vio condescendientemente y le respondió con gentileza:

“La comprensión y el arrepentimiento valen más que cualquier castigo Montserrat, con tus palabras me demuestras que has comprendido tu error, y estoy plenamente convencido que de ahora en adelante te portarás como siempre lo habías hecho.”

El Director se puso de pie, dando por terminada aquella charla y le dijo a la pequeña:

“Ahora regresa a tu salón a seguir haciendo que tus padres y todos nos sigamos sintiendo orgullosos de ti.”

Tras aquellas palabras, una sonriente Montserrat se puso de pie y se dirigió a la puerta pero súbitamente frenó su andar cuando una idea la atrapó, quizá aquel hombre con la apariencia de un ogro pero sabio, dulce y comprensivo podía saber algo respecto a las dudas que tanto daño le habían estado haciendo desde hacía ya varios días, así que la pequeña reunió valor, dio media vuelta ante la atónita mirada del señor Gordillo, regresó hacia la silla, tomó asiento y ante la sorpresa del Director,  le preguntó:

“Disculpe señor Gordillo, usted puede decirme a dónde van las personas cuando mueren.”

Sorprendido, el hombre se la quedó viendo, lo primero que cruzó por su mente fue el preguntarle a la pequeña a qué venía semejante pregunta, pero se había establecido como principal regla durante su extensa carrera como educador, siempre alentar la curiosidad de sus alumnos, así que concluyó que el cuestionarle a aquella niña las razones por las cuales quería obtener determinado conocimiento por insólito que este pudiera parecer, no era la mejor forma de estimular sus aptitudes de investigación, por lo que con convicción le respondió:

“Déjame pensar un poco, la que acabas de hacerme no es una pregunta nada fácil y no deseo confundirte, así que me esforzaré por contestarte lo mejor que pueda.” 

Montserrat lo vio con satisfacción, por fin un adulto no temía a responder las dudas que tanta aflicción le habían estado provocando, mientras tanto el señor Gordillo le devolvió la mirada y le dijo: 

“Por favor, ten la confianza de interrumpirme si no entiendes algo, te lo explicaré cuantas veces quieras, verás, hasta donde yo puedo saber, las personas al morir van a un sitio en el cual su alma podrá seguir existiendo porque aquí finalmente su cuerpo terminará por deteriorarse y por tanto dejará de existir.”

Montserrat lo miró detenidamente, meditó un poco en cada una de las palabras que había escuchado y luego preguntó:

“¿Los animales tienen alma?

Ante tremenda pregunta el señor Gordillo se rascó un momento la cabeza, pensando en cómo podría ahora salir del embrollo en que aquella perspicaz niña de tan solo siete años lo había metido, luego esbozó  una ligera sonrisa deseando haber recibido alguna instrucción superior de “teología para niños” y finalmente le respondió haciendo su mejor esfuerzo: 

“Creo que debemos suponer que no, solo las personas tenemos alma.”

La pequeña enmudeció momentáneamente ante aquella aseveración, el Director Gordillo le sonrió lleno de satisfacción pensando que  por fin ahí terminarían las dudas de la niña,  Montserrat al verlo le devolvió la sonrisa y una vez terminada aquella tregua de cordialidad  le volvió a preguntar: 

“Sigo sin entenderlo claramente ¿a dónde van los animales cuando mueren?”

Fue entonces cuando el Director entendió de qué iba todo aquello, se trataba de un hombre con una inteligencia superior a la promedio y en realidad a estas alturas no se hubiera necesitado un gran análisis para saber cómo habían surgido las dudas de la niña, por lo que le dijo amablemente:

“Se te murió un perrito.”

Llena de tristeza Montserrat le respondió:

“No, fue un pez, se llamaba Colorcito.”

El hombre le brindó una sonrisa compasiva, mientras se dirigía hacia donde estaba sentada la niña, y se inclinó para verla a los ojos, preguntándole:

“Y ¿Querías mucho a tu pescado?”

Por supuesto que la respuesta era obvia, pero aquella pregunta fue lanzada por el Sr. Gordillo con la expresa finalidad de ganar tiempo mientras meditaba en la mejor forma para seguir respondiéndole a la pequeña sin hacerla sufrir más, dado que si el instructor seguía con cierta congruencia en el sentido de sus respuestas, tendría que concluir diciéndole a la compungida niña que al carecer los animales de alma estos no irían al cielo, evidentemente responder aquello era considerablemente cruel, por lo que interrumpió la explicación de Montserrat sobre cuanto amaba a Colorcito,  diciéndole:

“No debes acongojarte más pequeña, me imagino que también existe un cielo para mascotas y supongo que ahí debe encontrarse  muy feliz tu pescadito.”

Mientras el hombre estaba orgulloso de su respuesta, una aún muy insatisfecha  Montserrat  le inquirió:

“Pero solo se lo imagina, no está seguro que ese cielo exista.”

El Sr. Gordillo tragó saliva al notar demasiado tarde que había sido un tremendo error el contestar vagamente, sin haber querido comprometerse, menospreciando la inteligencia de aquella pequeña al brindarle a su incesante curiosidad una respuesta de la que no estaba seguro, por lo que sinceramente le respondió:

“Simplemente no estoy seguro, lo siento, no creas que los adultos tenemos todas las respuestas.”

Aquella contestación provocó que la mirada de la pequeña se desplomara, había perdido todas las esperanzas que había depositado en la sabiduría de aquel hombre, el Director vio  como los bellos ojos de la pequeña se inundaron de una profunda tristeza, sentimiento que compartió por la empatía que la dulce niña le había provocado, por lo que no  tuvo más remedio que romper la segunda regla que se había establecido como educador, la cual era que la educación siempre debía tener un sentido estrictamente científico y le dijo dulcemente a la pequeña mientras le levantaba el rostro con sus enormes manos:

“Escúchame con mucha atención pequeña, todo lo que hemos estado hablando escapa a la comprensión del conocimiento científico, es puramente un asunto de fe, cuando los seres humanos no estamos seguros de la certeza respecto a algo que deseamos y nos resulta imposible comprobarlo físicamente, podemos decidir creer con todo nuestro corazón que aquello que anhelamos es posible.”

Los ojos de la pequeña habían vuelto a brillar, había recobrado la ilusión de encontrar la respuesta a sus interrogantes, el Director notó que la desesperanza abandonaba a la niña, por lo que satisfecho prosiguió diciéndole: 

“Por supuesto no puedo garantizarte que exista un cielo para mascotas, nadie puede hacerlo, pero puedo decirte con toda seguridad, que tienes la maravillosa opción de decidir creer en todo lo que tú quieras, si esa es tu elección, llena tu corazón de fe respecto a que ese paraíso para mascotas existe y que a pesar que no puedas verlo ahí se encuentra Colorcito, muy alegre, nadando con muchos otros pescaditos como el.”

Montserrat le vio llena de agradecimiento, mientras algunas lágrimas escapaban de sus ojos, conmovido, con sus enormes manos el señor Gordillo se las enjugó, y mientras le daba un abrazo a la pequeña, lo que le pareció una brillante idea cruzó por su mente, con la cual finalmente podría darle a toda aquella charla un sentido plenamente didáctico, así que dejó sentada a la niña y se dirigió a un vasto librero que se encontraba cubriendo totalmente la pared izquierda de la dirección, después de buscar unos momentos tomó un viejo libro, el cual prácticamente estaba a punto de deshojarse, entonces lo puso en las manos de Montserrat, quien lo vio con detenimiento mientras el Sr. Gordillo, habiendo recuperado su usual tono de maestro, le decía  cariñosamente: 

“Se trata de una versión especialmente hecha para niños, el original digamos que es un poco difícil y bastante impresionante de leer para una niña de tu edad, incluso para una tan inteligente como tú.”

Montserrat le sonrió apenada ante el halago y dirigió de inmediato su mirada a la gastada caratula que sostenía en sus manos, leyendo en voz alta el titulo de aquel libro; “La Divina Comedia”, e intrigada ante aquel titulo que no le decía mucho volvió a dirigir la mirada a su Director, quien le dijo gustoso:

“Es una de las más grandes obras de la literatura, entre otras cosas narra una búsqueda originada por el amor y la fe.”

La pequeña se llenó de emoción ante las palabras del señor Gordillo, quien continuó diciéndole:

“La escribió un italiano llamado Dante Alighieri, quien vivió hace muchos años en una ciudad llamada Florencia, que por cierto sin lugar a dudas es una de las ciudades más hermosas en el mundo entero.”

El hombre se perdió en sus pensamientos, por lo que se vio forzado a hacer una pausa, hasta que de vuelta a la charla, casi saboreándose, continuó diciéndole:

“Y donde seguramente he probado los mejores helados de todo el universo”

Ambos se dedicaron una sonrisa, tras la que él agregó:

“Bueno, en fin, el hecho es que Dante al haber perdido a su amada Beatriz, escribió este libro con la enorme fe de poder encontrarla en otra vida, y no creas que te diré más porque deberás leerlo tú.”

Complacida Montserrat le volvió a sonreír, mientras  tomaba el libro como si se tratara de un tesoro, se puso de pie dedicándole una mirada al señor Gordillo, con la cual le decía todo el agradecimiento que sentía por aquel gesto y se retiró dirigiéndose hacia la puerta, al llegar a esta no salió, dio media vuelta y le dijo a su Director:

 “Muchas gracias”

La puerta se cerró, solo para volver a ser abierta de inmediato, la pequeña asomó la cabeza a través de ella, vio fijamente al Sr. Gordillo y añadió:

 “Por todo”.

Esa tarde Montse devoró a toda velocidad su comida, se disculpó por no permanecer más tiempo en la sobremesa, pero lo que más deseaba era subir a su cuarto y comenzar a leer el libro, por supuesto en la escuela ya no había podido hacerlo, no tuvo más remedio que dedicar toda su atención a las clases, así como gustosa a disculparse frente a todo el salón por el golpe que le había dado a Ava.

Ávidamente la pequeña fue pasando página por página, hasta que finalmente pudo acabar el libro para cuando ya estaba anocheciendo, aquella historia atrapó la conciencia de Montserrat dotándola de tanta esperanza, que sus ojos volvieron a brillar como antes, si Dante en base a su fe había podido emprender un viaje para encontrarse con su amada Beatriz, seguramente Montse podría también visitar los mismos destinos para poder por fin encontrar una respuesta a la pregunta que tanto la había atormentado durante los pasados días, estaba abrazando fuertemente aquel viejo libro cuando una idea la invadió causándole un gran sobresalto, uno de los lugares a los que tendría que viajar era el infierno, el imaginarse a ella misma, caminado por un lugar lleno de llamas y personas quejándose con estruendosos alaridos mientras diablillos torturándoles les picaban el estomago con sus tridentes, no le resultó nada agradable, llena de terror, por un instante que le pareció interminable, pensó en abandonar su empresa, pero tras respirar hondo volvió a llenarse de valor con un firme y claro propósito, no importaba acudir hasta el mismo infierno si con eso finalmente podría saber con toda certeza a qué lugar había partido Colorcito al morir.