Bienvenidos.

Este es un espacio creado para tener interacción con todas aquellas personas que se interesen en la novela, Para decir adiós: Las dos Princesas, publicada por Editorial Endira, la cual se encontrará a la venta a partir de febrero de 2017 en librerías de México y en todo el mundo en versión digital vía Amazon.

lunes, 27 de febrero de 2017

Entre sombras y crepúsculos 2a Parte



Muy buenos días, gracias infinitas por estar, ¡He recibido excelentes noticias! Endira Editorial me ha confirmado que Para decir adiós: Las dos Princesas estará a la venta en librerías a finales de marzo y que es muy probable que yo la tenga en mis manos en el transcurso de esta semana, un largo pero placentero camino está por llegar a su primer destino, agradezco de todo corazón a cada uno de los que me ha ido acompañando a través de él, ahora espero que la historia de Montserrat y Löria pueda llegar hasta sitios a los que yo no.




En el artículo anterior comentaba lo amargo que nos puede resultar a algunos aceptar el éxito ajeno, es quizá por ello, que nuestra frustración puede verse reflejada en salvajes criticas hacía quienes según nuestro criterio no tienen los méritos suficientes para el triunfo conseguido.

En el mundo editorial dos receptoras de esas críticas son indudablemente las autoras de las comercialmente exitosas sagas de Crepúsculo y Las sombras de Grey, quienes más allá de la calidad literaria de sus obras, más por moda y por pose de sus críticos, son juzgadas por quienes ni siquiera han leído sus obras.



En lo personal, no puedo hacer un comentario respecto a la calidad de dichas novelas, sería irresponsable de mi parte, puesto que no he leído ninguna de ellas y hasta el momento no pienso hacerlo, principalmente porque no son géneros que me atraigan, pero tal como señalaba en el artículo anterior no por ello puedo menoscabar el talento de sus creadoras para conectar con un público masivo.

Sin duda existen literatos con una técnica y conocimientos sorprendentes, pero que o carecen de la imaginación para crear una obra interesante o simplemente no conectan con el público, es natural que entre ellos y sus “pocos” seguidores  surja la molestia al cuestionarse ¿cómo es posible que obras menores lleguen a tantas personas y permitan vivir cómodamente a sus creadores?



Lo anterior no es nuevo, los creadores de personajes tan icónicos como Tarzán o Sandokan, en su momento fueron criticados por producir obras banales de consumo masivo, al día de hoy sus creaciones los han trascendido dejando mal parados a sus detractores, por supuesto no estoy haciendo una comparación entre E.L. James y Stephenie Meyer  con Burroughs y Salgari, sino únicamente entre  los críticos que castigan lo que es popular.



Lo siguiente quizá a algunos pueda parecerles exagerado, pero creo que la literatura le debe un poco a gente como E.L. James, Stephenie Meyer, Dan Brown, John Grisham y demás autores de consumo masivo, me atrevo a decir lo anterior porque cada uno de ellos ha logrado que por moda, recomendación o simplemente por darles material de que charlar con los amigos, muchas personas que usualmente no se atreven a tocar un libro –por parecerles aburridos y fuera de moda- venzan esa barrera de reticencia y le dediquen tiempo a la lectura, creo que eso en estos tiempos de smart phones e ipads resulta invaluable.



Para mí opinión, leer es importante, leas lo que leas, hay quien se opone a ello diciendo que tal como ocurre con la comida, hay alimentos nutritivos y los hay chatarra, por lo que señalan que el leer literatura “basura” solo te llenará la cabeza de desechos, sin embargo yo no comparto esa opinión, si tenemos a un individuo en estado de inanición y le brindamos una Big mac, por poco nutritivo que le resulte al menos le permitirá seguir con vida, creo que igual ocurre con la imaginación y el espíritu de lectura, por bajo que sea el nivel de lo que leas, al menos activará esa parte de tu cerebro que permanecía en prolongada hibernación.



Por otra parte, aún y cuando estén mal escritas y carentes de técnica, incluso aún cuando puedan resultar predecibles y poco innovadoras, en cada una de ellas sus autoras, crearon un universo propio a través de su imaginación y eso es mucho más plausible y meritorio que los textos que hoy se publican y logran grandes ventas, que son firmados por famosos youtubers o personajes de la farándula y seguramente son escritos por alguien más como un mero medio de aprovecharse de la fama e imagen de quienes aparecen en las portadas para conseguir grandes ventas.




Puede que sea solo un minúsculo porcentaje, pero aunque solo fuera una por cada mil de esas personas que leyeron Crepúsculo o las aventuras eróticas de Anastassia Steel, la que posteriormente se aventure a seguir leyendo obras de contenido más complejo, entonces ambas autoras habrán retribuido a la literatura mucho de lo que sus novelas les ha dado materialmente hablando.

En una época en la que se ha acostumbrado a la mayoría de las personas a contenido rápidos para ser digeridos de forma inmediata para tener el tiempo suficiente para pasar a la moda siguiente sin quedarse atrás del resto del grupo, es más que probable que ambas novelas no pasen la prueba definitiva de calidad que permite que un trabajo artístico se convierta en un clásico, dicho examen de calidad no es otro sino el tiempo.

Ahora veo a muchos autores y amantes de la literatura muy preocupados y molestos, por la cantidad de escritores que surgimos ante la facilidad brindada por los medios digitales, en son de broma se dice:

“Ahora ya nadie lee, porque todos escriben.”

Los críticos de autores populares y consagrados como Stephen King y J.K. Rowling hacen concienzudos estudios en los que dedican cientos de líneas y miles de palabras para señalar los errores técnicos de ambos autores, tratando de banalizar su obra, creo que no deberían preocuparse tanto si es que en verdad aman y conocen tanto de la literatura, puesto que solo unos cuantos en el transcurso de la historia de la humanidad han tenido la calidad suficiente como para trascender modas y épocas convirtiéndose en verdaderos inmortales, nombres como Cervantes, Shakespeare, Tolkien, Homero, Víctor Hugo, García Márquez entre otros perduraran mientras la humanidad conserve un registro de sus más grandes obras, mientras que la gran mayoría de los que nos atrevimos a escribir, sin duda nos perderemos bajo el cobijo de la noche de los tiempos, entonces te pregunto a ti amante y estudioso de la literatura:


¿Por qué  te preocupa tanto el efímero éxito de autores a los que tú consideras tan indignos?  

martes, 21 de febrero de 2017

"Entre sombras y crepúsculos" Primera parte





Bienvenidos de nueva cuenta al blog de mi novela de fantasía Para decir adiós: Las dos Princesas, respecto a la cual con gran alegría les comento que Endira Editorial me informó la semana pasada que había sido por fin enviada a la imprenta, si bien no será posible tenerla disponible en el transcurso de este mes, con toda seguridad estará a la venta el próximo mes de marzo, en México en librerías como Sanborns, Porrua, El Péndulo, el Sótano y Liverpool, y en todo el mundo vía Amazon y mediante Paypal aquí mismo en el blog,  para todos aquellos que me honren adquiriéndolo en este sitio tendrán además el plus de recibirlo dedicado para la persona que ustedes elijan.

Les dejo aquí la portada del libro de un compañero de Endira Editorial, con el cual compartiré la presentación de mi libro en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2017, en cuanto tenga el enlace de venta y una reseña del mismo la comparto con ustedes. 



Usualmente todos queremos ser únicos y especiales, para algunos dicha necesidad es más fuerte e incluso llegan a criticar y odiar per se  todo aquello que tiene el favor de las “masas”. Al denostar la música, cine, literatura y cualquier otra expresión del arte que ha llegado a un público masivo, los críticos sienten inalterado su status quo de singularidad.

De tal forma para muchos, popular es sinónimo de malo, vulgar y de poca calidad, puesto que para ellos es inadmisible que su refinado gusto pueda equipararse al del resto de la humanidad, por supuesto que entre la música, literatura y cine de consumo masivo existen innumerables casos de productos confeccionados especialmente para ser efímeros y contribuir solamente a engrosar las cuentas bancarias de sus creadores, sin embargo hay casos en los que también convergen la calidad y la aceptación popular.

Sin embargo no es de esos casos de lo que quiero comentar en esta ocasión, sino del inestimado  talento de contactar con el gusto y preferencia de la mayoría.



En México tenemos una historia en son de broma que va más o menos de la siguiente manera:

“Un padre muy preocupado por la falta de interés de su primogénito en los estudios, lo reprende fuertemente cuestionándole a qué es lo que él aspira en la vida.

Con decisión en su respuesta el joven le dice:

-Cuando sea grande quiero ser un pendejo.-

El padre se queda atónito ante la respuesta de su hijo, y tras unos segundos de inmensa sorpresa, le dice furibundo:

-¿Cómo es posible que me digas eso, acaso ese es el ejemplo que te he dado?-

El adolescente asiente con seguridad diciéndole a su padre:  

-En cada ocasión que vemos  a una persona con un auto deportivo último modelo, tú refunfuñas:

¡Mira a ese pendejo!

Cuando vemos a alguien que ha viajado al extranjero, tú murmuras entre dientes:

¡Vaya nada más  a ese pendejo!

Y el otro día que encontraste a tu ex compañero de universidad, él que se ha casado con una rubia de cuerpo espectacular, tu dijiste:

¡Quién lo diría de este soberano pendejo.¡

Es por todo eso que lo que más deseo es ser un pendejo.-

Más allá de los falsos valores de éxito plasmados en el cuento anterior, lo cierto es que hay personas para las que el césped de su vecino siempre será más verde. Es sumamente difícil aceptar el éxito ajeno, por lo que de inmediato trataremos de justificarlo con hechos negativos o simplemente terminar calificándolos de “pendejos”.

Cegados por la frustración de no tener lo que nuestro vecino tiene dejamos de apreciar que seguramente en algunas personas hay un talento o cualidad que a nosotros nos falta.

Créanme por favor, soy totalmente honesto en lo que diré a continuación, por supuesto que me costó años entenderlo:

A medida que he ido madurando he dejado un poco de lado la envidia. Me he encontrado con personas que he conocido a lo largo de mi vida, a las que yo consideraba menos inteligentes, menos capaces y menos talentosas y sin embargo han tenido mayor éxito material que yo, quizá tienen un mejor auto, una mejor casa o un mejor trabajo, sin embargo he superado los celos que eso pudiera ocasionarme, y no crean que es por pensar como un natural medio de defensa:

“Ellos tienen dinero, pero yo soy feliz con mi familia unida” 

ó

El tiene ese auto pero ¿qué habrá tenido que sacrificar para ello?

La rabia que provoca el éxito ajeno no ha sido superada por la justificación mediante un mecanismo de compensación, sino por la comprensión y aceptación de que ellos tienen un talento que yo no.

Probablemente no sean los más inteligentes, ni los más preparados, ni los más talentosos, pero saben venderse bien y esa es la causa de su éxito.

El poder lograr una conexión de empatía y “gustarle” “agradarle” o “hacer que nos crean”  no es una especie de suerte sino un talento especial, que algunos tienen y otros no tenemos.

Cuando en el trabajo no logramos una promoción y por el contrario se la brindan al compañero que consideramos flojo e incapaz, normalmente solemos señalar que fue solo por nepotismo, amiguismo o incluso porque ellos cedieron a algún tipo de comercio carnal –por supuesto que se dan esos casos- pero normalmente dejamos de apreciar que quizá esa persona que logró el ascenso, por el contrario que nosotros, tiene la habilidad de hacer creer a los demás que su trabajo más que  necesario  resulta indispensable, esa facultad es un talento por incomodo que pueda parecernos a los que tenemos que esforzarnos el triple por lograr los mismos resultados.

En el mundo del arte se da lo mismo, creadores que a pesar de ser socavados por la crítica especializada y tachados de faltos de talento, tienen esa particular habilidad de conectar con un gran público, la habilidad de venderse bien y créanme por fácil que pueda parecer no es algo que pueda copiarse o conseguirse tras seguir los pasos de un manual, si así fuera todos los que estamos en este mundo batallando día a día conseguiríamos vender miles y miles de nuestras obras con facilidad.  

Las autoras de las a veces ninguneadas sagas de Crepúsculo y Las sombras de Grey, tienen ese particular talento que les permitió conectar con cientos de miles de personas que no solo disfrutaron sus narraciones sino que piensan que sus obras son lo máximo en el mundo de la literatura, incluso hay quien gracias a sus novelas tomó por primera vez un libro. 



Más allá del valor literario que ambas sagas puedan tener –el cual no me corresponde a mí discutir-  tanto Stephenie Meyer como E. L. James tuvieron esa capacidad de escribir algo que estableció un nexo entre sus creaciones y sus incondicionales seguidores.

Más allá de convertirme en un crítico más – de obras que por cierto ni siquiera he leído-  debo reconocer que ambas autoras cuentan con ese invaluable talento de saberse vender.




Este artículo continuara...  


jueves, 16 de febrero de 2017

Viviendo del aplauso, las musas pueden ser crueles.






Nuevamente es un placer poder saludarles y ante todo agradecerles infinitamente su generosidad para con mis letras, la entrada anterior a esta que hoy me hacen el favor de leer, “El pequeño Kinkonato, recuerdos de mi niñez.”, casi llega a las 900 visitas, lo cual tiene mucho valor para mí porque en ella les hable del personaje primigenio que tuve la oportunidad de crear en los primeros años de mi infancia, por lo que agradezco su interés en aspectos tan personales y los cuales yo atesoro, mil gracias amigos, es para mí en verdad invaluable.

En la pasada navidad, de visita por mi pueblo acudí a una plaza comercial en la que se presentó un mago, encontrándome ahí con mis hijos y sobrinos tuvimos la oportunidad de disfrutar del espectáculo gratuito que se presentaba para todos los que nos encontrábamos en el área de comida rápida, al final de la presentación el prestidigitador utilizó una frase que seguramente ustedes han tenido también oportunidad de escuchar:

“El artista vive de los aplausos”

Sin embargo la remató diciendo:

“Pero con los aplausos no pago ni la luz, ni la comida, así que toda propina será bienvenida”

Aquello me hizo pensar en lo injusto que a veces puede ser el arte.

Un creador hace su labor artística porque es una necesidad inherente en él, es más que probable que en la materialización de su arte no busca una compensación económica sino la recreación de su espíritu, por supuesto eso es sublime, pero como decía el mago, con eso ni se pagan los servicios básicos, ni las colegiaturas ni la comida.



De tal forma vino a mi mente uno de los creadores que más admiro, el “Rey” Jack Kirby, pocos artistas han influido y revolucionado el mundo de los cómics como él lo hizo y sin embargo por injusto que parezca, todo su arte no le redituó en nada económicamente. Dada la época, los derechos de sus creaciones se quedaron en manos de las compañías y el rey no obtuvo regalías por ellos, por lo que sus últimos años de vida los pasó con la admiración de todos pero con penurias económicas.



En contraste, allá por los noventas del siglo pasado, también en el mundo de los cómics, se vivió una revolución por medio de la cual los creativos más populares del momento se separaron de las grandes editoriales y fundaron su propia compañía en la cual conservaban los derechos y las ganancias por todos sus personajes.

En esa época un jovencísimo creador llamado Rob Liefeld se hizo muy popular, a pesar que sus ilustraciones tenían enormes carencias, se encontraban fuera de toda proporción anatómica  y solía dibujar músculos inexistentes  más allá de toda exageración heroica. El joven de no más de 20 años incluso vendió licencias de sus creaciones a la compañía de Steven Spielberg para proyectos de películas que nunca se crearon, por ende el joven Rob se volvió millonario y hasta la fecha sigue viviendo comodamente de sus ganancias de aquella época sin tener prácticamente que seguir trabajando.




Jack Kirby pasó sus últimos años con grandes dificultades, la artritis en las manos  no le permitía dibujar cómodamente, sin embargo, el gran maestro tenía que hacerlo para poder solventar sus gastos primarios.

De todo lo anterior me han surgido las siguientes interrogantes que comparto con ustedes.

¿Qué es realmente el éxito?

¿Qué es más importante, el reconocimiento puramente artístico o el económico?

¿Pueden los dos compaginarse y permitir a un autor destacado vivir cómodamente de su obra?

Para nuestra sociedad actual el éxito se palpa según los logros económicos, es usual pensar que una persona ha logrado mucho en su vida al tener un auto deportivo de lujo, una enorme casa y viajar repetidamente. Para otros –los menos- el éxito no se mide por el alcance monetario sino por logros personales: una carrera profesional, reconocimiento de los colegas o público, para otros –un grupo aún más reducido- la satisfacción viene de una situación anímica y familiar estable y duradera.  

Por supuesto que hay casos que demuestran que dos o incluso todos esos aspectos pueden converger en una persona, los creadores de las sagas de Harry Potter y Canción de Hielo y Fuego, no solo gozan de un reconocimiento por su labor artística sino que la misma se ha traducido en enormes ganancias monetarias, en otro extremo del espectro están las creadoras de sagas como Crepúsculo o las sombras de Grey, a quienes se les ningunea el alcance artístico de su obra pero que han amasado enormes fortunas por ellas.

Es en esos últimos casos por lo que he pensado mucho en los últimos años del gran Jack, ¿habrá pasado alguna vez por su mente la idea de cambiar todos aquellos halagos por un poco de plata?

Volvemos al prestidigitador del inicio:  

“El artista vive de los aplausos, pero con los aplausos no pago ni la luz, ni la comida”



Muchos referentes del arte universal han pasado penurias económicas, varios de ellos murieron en la miseria, algunos ni siquiera pudieron saber la magnitud que tendría su obra para la posteridad, ¿será posible que en esos momentos de penurias habrían cambiado todo ese reconocimiento venidero por algunas monedas?

Es más que probable que poco le importe a E.L James y  Stephenie Meyer lo mal que críticos y estudiosos de la literatura traten a su obra, puede que tampoco les haga mella el saber que son productos temporales que no pasaran a la historia de la literatura, sin embargo en el efímero paso de sus vidas, su historias mucho les habrán redituado a sus creadoras. Que un trabajo intelectual, por limitado que pueda ser, le reditúe  económicamente a su autor por supuesto por supuesto que es más que justo, pero que otro autor con mayores alcances artísticos no pueda gozar de al menos lo básico ya nos hace ver que hay algo que no esta bien. 

No he podido dejar de pensar en mi padre, un excelente abogado penalista, que no tuvo el reconocimiento económico que sus conocimientos ameritaban, como siempre lo dice mi madre:

“Tu padre nunca supo cobrar"

El era feliz con el alto concepto que de él tenían sus colegas, disfrutaba el halago y el reconocimiento verbal cuando demostraba a otros abogados que lo contrataban para maquilarles trabajo, que sabía y podía más que ellos.

Ellos cobraban grandes sumas –a pesar de sus escasos conocimientos jurídicos-    y mi padre recibía muy poco de aquello, sin embargo era feliz porque tuvieron que acudir a él y a sus conocimientos, a él le gustaba vivir de los aplausos y  mi madre siempre le riñó por ello.

Termino con lo que comencé, no soy un mercader, ni un materialista pero me hubiera encantando que mis héroes Jack “El rey” Kirby y mi padre,  hubieran gozado de un poco de la fortuna que ha sido alcanzada por creadores y abogados muy limitados e incapaces de compararse con su grandeza.


En el caso de Jack, él se ha llevado los aplausos para toda la historia, pero ellos no le  pagaron ni un trozo de pan.  


viernes, 10 de febrero de 2017

El pequeño Kinkonato. Recuerdos de la niñez





Les saludo con mucho aprecio, agradeciendo de todo corazón el que se tomen el tiempo para leer mis publicaciones e interesarse en mi libro, Para decir adiós: Las dos Princesas. 

Hoy voy a compartir la primera creación que realicé, de la cual dada la distancia que el tiempo ha construido entre ella y yo, no ha dejado más vestigios que los recuerdos impregnados en mi memoria.

De niño, cuando aún vivía en el Distrito Federal y dicha ciudad aún se llamaba así, solía jugar con mi hermano mayor creando historias y personajes, luego algunos de ellos pasaron a plasmarse en papel como dibujos y en mis primeros cómics.



El primero de todos, un personaje recurrente en mi imaginación infantil, era "Kinkonato", una especie de King Kong infantil, -se que no suena nada original, pero deben comprender que apenas tenía entre 4 y 6 años-, el susodicho primate gigante, interpretado por mí, vivía sus historias luchando contra las figuras de acción de aquella época, los muñecos Madelman, los aventureros de acción, los vikingos y vaqueros de Plastimarx y Kid Acero.




Desde la representación de su origen, en el que Kinkonato venía de un volcán, hasta las aventuras que vivía día a día, el susodicho personaje me permitió experimentar un infantil proceso de materialización de la fantasía, a medida que fui creciendo y dejando esa magia de los primeros años Kinkonato desapareció de los juegos, pero las historias interpretadas dieron paso a las plasmadas en papel y la fantasía siguió creciendo en mi subconsciente., en gran medida gracias a esa semilla implantada por el gorila gigante de pelaje café.  



Ahora con los años, al recordarlo me ha resultado muy curioso que el nombre de Kinkonato, parezca la mezcla entre King Kong –en el cual por supuesto estaba basado- y la expresión ibérica “niñato” –la cual de niño desconocía-, aplicándose accidentalmente a la perfección la mezcla para lo que constituía el personaje.



Jamás olvidaré las frías mañanas de fin de semana en México en las que desde que me despertaba, el pequeño José Francisco desaparecía para dar pasó al simio gigante.


Saludos. 

viernes, 3 de febrero de 2017

Luis Caballero y las Crónicas del Reino Perdido





Buenos días les agradezco enormemente su generosidad para conmigo, sean bienvenidos al blog de la novela Para decir adiós: Las dos Princesas.

Hoy quiero presentarles mi única incursión “más profesional” en el cómic, con una historia que si bien no logró ver la luz, en dos intentos se quedó muy cerca de hacerlo.

Las Crónicas del Reino Perdido, surgieron en mis años de estudios de preparatoria allá por el ya lejano 1992, al inicio la historia era muy diferente de la que hoy les presento, los personajes mágicos no tenían nada que ver con México y España, más bien eran duendes tradicionales de los mitos nórdicos y celtas.

Mi única intención al elaborar dicha historia era presentar un héroe infantil que no fuera el que tradicionalmente se presentaba en dicha época, es decir el personaje que funciona más como la victima a ser rescatada por el héroe adulto y que además para su desgracia no es más que un personaje cómico, yo deseaba que en crónicas él protagonista  total fuera el niño.

Como ocurre con las historias que se dejan cocinar a fuego lento Crónicas cambió mucho con el paso del tiempo, muchos años después cuando ya había acabado mi educación universitaria y había regresado a Chiapas, un amigo de mi hermano mayor me propuso presentar la historia de Luis Caballero en un periódico de anuncios clasificados que pretendía editar en Tuxtla Gutiérrez, como un suplemento se presentaría semanalmente mi cómic.

Trabajé en lo que sería presentado las primeras tres semanas de publicación, con un total de seis páginas por número, desgraciadamente por una u otra razón la publicación no pudo llevarse a cabo.

Para ese entonces la trama había evolucionado a lo que actualmente es, preocupado por presentar una historia con mayor contenido acudí a una de mis reflexiones personales favoritas, la idiosincrasia que tenemos como mexicanos.

Tal como el producto concebido de un hecho violento, como lo es una violación, así los mexicanos seguimos reprochando a nuestra madre –pueblos prehispánicos- su debilidad para dejarse conquistar y a nuestro padre –España-  la violencia utilizada en nuestra concepción.

De tal forma no terminamos de aceptarnos e identificarnos totalmente ni con unos ni con otros y somos seres sin una identidad bien definida.

Lo anterior se presenta en crónicas a través de dos pueblos que comparten un mismo territorio y a pesar de tener el mismo origen se ven como enemigos el uno del otro, ante un poderoso mal que amenaza con destruirlos a ambos deberán entender que su grandeza solo puede construirse cuando acepten las dos partes que constituyen su todo.

Para inicios de 2009 hice el intento más formal para editar Crónicas por mi mismo, basándome en las publicaciones de sociales que venden publicidad, ideé publicar mi cómic entregándolo gratuitamente en las escuelas y vendiendo un determinado número de páginas de espacios publicitarios.

A través de un arduo trabajo de convencimiento llevaba vendidos aproximadamente el 50 % de los anuncios, cuando Luis Caballero y las Crónicas debieron enfrentar a un enemigo con el que no contábamos.

Para esa primavera la psicosis por la influenza H1N1 atacó a México, las escuelas y muchas oficinas gubernamentales dejaron de tener clases por un largo periodo de tiempo y como consecuencia el proyecto de Crónicas también se vio afectado, al comprometerme a entregar gratuitamente las revista a las afueras de las escuelas como el principal atractivo para mis anunciantes, al no tener clases ellos dejaron de interesarse en lo que yo les vendía.

Así fue como hasta el momento Luis Caballero  aún tiene pendiente presentar su historia a un gran público, pero si algo tiene el chiquillo que usa la gorra hacia atrás, es compartir con su creador la obstinación para no rendirse.

En uno u otro momento prometo que seguirá sus andanzas.