Hola a todos los que me honran
acompañándome en este Blog de la novela Para decir adiós: Las dos Princesas, hoy
nuevamente solicito su ayuda, esta vez es para nombrar un cuento que he realizado
hace algún tiempo y que he dedicado a dos de mis sobrinos y a una ciudad que es
muy especial para mí.
Cuenta la leyenda negra que los
oriundos de la ciudad norteña de México, Monterrey – una de las ciudades más
grandes del país- son personas en
extremo “codas” –que es el término con el que en México denominamos a todos a
los que les cuesta compartir-.
Sin embargo en dicha ciudad en la que
viví durante los cuatro años de mi educación universitaria, no conocí de las
personas ahí nacidas más que una total generosidad.
Por supuesto hay lugares que nos marcan
y la industrializada ciudad de Monterrey es uno de esos sitios a los que por
siempre les guardaré un pleno agradecimiento.
La siguiente historia la escribí como
un pequeño homenaje a una ciudad en la que aprendí mucho y a la que guardo en
mi corazón, sin embargo el nombre con el que la titulé jamás ha terminado por
convencerme, en eso estriba el auxilio solicitado, lo cual por supuesto tendrá
una recompensa.
Únicamente deben sugerir un nombre en
los comentarios del propio Blog, en Facebook o en Google +, el que más me
agrade será el ganador y tanto quien lo propuso como los cinco que hayas
considerado que más se adaptan a la historia obtendrán como premio la versión
digital de Para decir adiós: Las dos Princesas, el primer lugar además se
llevará una versión impresa, con gastos de envío ya incluidos a cualquier parte
del mundo.
Ojala te animes en participar.
EL
COBARDE MONTEMAYOR.
Los poderosos gritos del furibundo anciano
parecían fuertes rugidos del más salvaje de los animales, con ellos sin
misericordia arengaba a sus cadetes sin importarle nada en absoluto lo
humillante que fuera el trato que les propinaba para incitarles a seguir sus
instrucciones.
Mientras escuchaba las órdenes y se alineaba tal como lo
había dispuesto el Coronel Montemayor, Iker Sabatier, un muchacho de complexión
delgada de cabello lacio rubio y ojos almendrados, se llenó de indignación al
ver directamente a los ojos al Coronel Rodolfo Montemayor, comprobando que
aquel hombre se solazaba con el poder que le otorgaba su rango para tratar
despóticamente a las noveles tropas que habían sido reunidas ex profeso para
realizar tareas de exploración y búsqueda.
El más pequeño de los Sabatier había quedado al cuidado de su
hermana cuando su padre, un oficial de la Nueva España, se ofreció para dirigir
la campaña que brindaría protección a los nuevos asentamientos que se habían
ido formando en la provincia de Nueva Vizcaya, mismos que habían sido asediados
por los grupos de indígenas nómadas que les disputaban las pocas reservas de
agua, la madre de los dos jóvenes acompañó a su esposo, dejando a Tábata e Iker
al cuidado del Capellán del regimiento militar que se encontraba asentado en la
Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey, de eso hacía ya siete
meses.
A pesar de que a los cuatro meses de haberse marchado se
intentó establecer comunicación con las tropas que habían partido a Nueva
Vizcaya, se desconocía a ciencia cierta su real paradero, los padres de Iker y
Tábata así como todos los valientes soldados que les acompañaban en su misión
jamás llegaron a su destino, diferentes destacamentos fueron enviados por el
Coronel Montemayor para buscar a los oficiales perdidos pero sus esfuerzos
fueron en vano, se temía lo peor, que hubieran caído víctimas de un ataque por
parte de alguno de los grupos nómadas que asolaban la región.
Tan solo un mes después de haber dirigido la última búsqueda,
el regimiento de la antigua Santa Lucía tuvo que enfrentar sus propios y
terribles problemas, con los cuales cualquier nuevo intento de búsqueda del
Brigadier Sabatier fue totalmente suspendido.
Había llegado el alba del año de 1683 cuando se dieron las
primeras señales de alarma, en la región del Valle de las Salinas desaparecieron
seis virginales doncellas, las primeras en San Nicolás de Tolentino, dos meses
después seis más en la Hacienda de Eguía de viudas, así el año transcurrió sin
más casos hasta que ya avanzado noviembre desapareció una más en la Hacienda de
Chipinque.
Esta última fue Diana de Las Casas Carvajal y de La Cueva,
descendiente de dos de las familias más prominentes de la localidad, una de
ellas una familia judía que había llegado desde Portugal para la conquista y
pacificación de lo que sería el Nuevo Reino de León, transformando a Santa
Lucía en la Villa de San Luis de Rey, la cual en 1596 fue transformada en la
Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey, el otro linaje se dedicó a
la minería amasando una gran fortuna por la plata, lo que le permitió adquirir
grandes extensiones de tierra y encomiendas de indios, por tanto ambos
apellidos constituyeron una fuerte presión para que el Coronel Montemayor
enfocará todo el esfuerzo de sus tropas para encontrar a la joven.
Sin embargo la tarea no resultó tan simple como el oficial al
mando pudiera haberlo pensado, el primer destacamento formado de un grupo de
cien experimentados militares que se dirigieron hasta la Hacienda de Chipinque,
desapareció cuando por la noche intentaron cruzar la Sierra Madre.
La misma suerte siguieron los siguientes tres pelotones que
fueron enviados al lugar, desapareciendo casi trescientos oficiales más, sin
embargo en el último grupo hubieron sobrevivientes, los cuales fueron enviados
de inmediato para su tratamiento por la iglesia al sospechar que se encontraban
poseídos toda vez que reportaron que fueron atacados por una enorme bestia
surgida del infierno.
Presa de la desesperación, Rodolfo Montemayor no tuvo más remedio
que enlistar a jóvenes para formar un nuevo grupo de búsqueda, todas aquellas
familias que no eran privilegiadas tuvieron que brindar a uno de sus hijos para
conformar este nuevo equipo, al cual se incluyó voluntariamente Iker Sabatier, tratando
de cumplir una obligación que el mismo se había impuesto para honrar a su
padre.
Rodolfo Montemayor era un hombre de aproximadamente sesenta y
cinco años, el cual se ufanaba de haberse conseguido todo en la vida por
esfuerzo propio, sin embargo su linaje venía desde el mismo fundador de la
ciudad, a pesar de ser un hombre consagrado a la carrera de las armas, toda la
vida se había dedicado a la docencia, nadie podía cuestionar sus conocimientos
teóricos, así como el reconocimiento académico que este le había traído al punto
de haber sido nombrado el encargado de instruir a todos los nuevos reclutas,
cada uno de los jóvenes que desearan ser soldados y servir con lealtad al Nuevo
Reino de León, tenían que encontrarse inevitablemente con el admirado Coronel
Montemayor, el cual vociferando se ufanaba ante ellos que él constituía el
filtro que depuraría a los verdaderos hombres de armas de los inútiles cobardes
que tenía enfrente.
No había nadie más exigente que él en toda la instrucción
militar, no había nadie que impusiera más respeto, desgraciadamente esta
deferencia se basaba únicamente en el miedo, el filtro del que él hablaba no lo
constituía la exigencia de su cátedra sino el degradante trato al que sometía a
sus alumnos.
El Coronel gustaba en extremo de humillar a sus discípulos, cada
día se jactaba ante ellos de su alta educación y de la distinción de su familia
sin embargo pese a ello ninguno de los jóvenes era merecedor de que su
instructor, aplicando la mínima regla de cortesía, les refiriera por sus
nombres propios sino que a todos los marcaba con un deningrante apodo con el
cual serían identificados por todo el resto del curso, de ta de tal manera infravaloraba
a cada uno de ellos dependiendo de su origen familiar, si no podía hacerlo por
su condición social lo hacía por lo que él consideraba un desperfecto físico.
Entre clases dedicaba varios minutos para contar anécdotas
personales en las cuales ensalzaba el inmenso valor que él tenía como persona,
denostando en cambio al resto de los que le acompañaban, para él ninguno de
ellos merecía ni su tiempo ni su esfuerzo.
Nadie podía oponerse a aquel indigno trato porque sin el
Brigadier Sabatier el oficial de mayor rango lo era precisamente el Coronel
Rodolfo Montemayor, a todo aquel que no podía tolerar más vejaciones y con
desesperación osaba musitar que se quejaría ante las autoridades para que
pusieran fin a aquella despótica conducta, con sorna les respondía que el mismo
les acompañaría gustoso para presentar cuantas quejas quisieran, siendo que quien
las recibiría con suma atención sería solamente él, toda vez que precisamente
el Coronel Rodolfo Montemayor era el único encargado de resolverlas.
Hacía apenas unos meses, voluntariamente se había unido a las
tropas un joven de apellido Cantú, quien soñaba con honrar la tradición
familiar convirtiéndose en un valeroso soldado de la Nueva España, el muchacho
era dedicado, pero enfrentaba el hecho de haberse separado de su familia para
cumplir su sueño, sin razón alguna, sin siquiera haberse tomado la molestia de
impulsarlo o guiarlo como correspondería a un verdadero instructor, el Coronel
Montemayor decidió que el nerviosismo que el joven manifestaba se debía
únicamente a su falta de inteligencia, sin notar el inmenso temor que en el
joven provocaba el indigno trató al que el Coronel sometía al resto de sus
compañeros, por lo que decidió llamarlo desde el primer día de clases el
“idiotita”, sin que a partir de ese momento volviera a referirse a él de otra
manera que no fuera por ese apelativo.
El resto de los reclutas veían como el “idiotita” sobresalía
en el entrenamiento que era impartido por otros oficiales, volviendo a
tartamudear y parecer dubitativo solo en aquellos que encabezaba el Coronel, pero
éste lo presionaba aún más día con día, llevándolo con el transcurso del tiempo
a más severas vejaciones, incluso llegando un día al extremo de decirle que por
fin había descubierto la razón de su retardo mental, el cual se debía seguramente
a que la madre del joven se dedicaba a una labor deshonrosa para beneplácito de
otros hombres, por lo que alguien tan idiota como el no podría ser más que
producto del castigo divino por una relación impía.
Llegó el momento en que el joven Cantú no pudo soportar más
aquel deshonroso trato y un día desertó, para Iker y el resto de sus compañeros
fue triste ver como se perdía la posibilidad de que el ejército hubiera tenido
en el recluta Cantú a un extraordinario soldado, sin embargo los llenó más de
aflicción el percatarse que al cabo de un tiempo nadie recordaba el nombre de
pila de Cantú, pero todos recordaban aquel denigrante mote con el que
Montemayor había adulterado su identidad.
Para Iker Sabatier las cosas no había sido fáciles con
Montemayor, en primer término el jamás había querido ser en realidad un
soldado, si lo mencionó en algún momento fue solo una ocurrencia infantil, sin
embargo ahora las circunstancias lo habían llevado a la instrucción marcial, como
si el Coronel Montemayor pudiera notar aquello, le había gritado al recluta
Sabatier desde el primer instante en que sus destinos se cruzaron:
“¡Sabatier, te odie desde el primer momento en que te vi!”
Afortunadamente para Iker, a diferencia de la mayoría de sus
compañeros aquel servicio no constituía su sueño, sino únicamente una auto
impuesta obligación temporal, la cual cuando el mismo considerará cumplida
podría dejar atrás sin mayor problema, por lo que aquellos insultos no hicieron
ninguna mella en su espíritu, más que constituir una profunda lástima por el propio
Coronel Montemayor, quien poseía todo el conocimiento para ser el mejor
instructor pero se había dejado embriagar por el poder, disfrutando cada vez
más de aquella posición que le permitía degradar a otros seres humanos.
La instrucción de ese día había empezado de la misma manera
que la de cualquiera otro, no únicamente por los sonoros gritos a los que los
reclutas eran sometidos, sino también por haber iniciado el entrenamiento desde
las cuatro de la mañana, tal cual como era exigido por el Coronel Montemayor
como parte de su doctrina educativa, a pesar que el resto de oficiales comenzaba
su enseñanza dos horas después.
Esa madrugada el destinatario de su escarnio era el soldado
Severo Rueda, un chico al que como si el destino le jugara una mala pasada, no
solo había sido turnado a la instrucción del Coronel, sino que llevaba ese nombre
cuando el joven padecía una manifiesta obesidad, los insultos a los que lo sometía
Montemayor habían ido aumentando de tono con cada día, pero esa mañana llegaron
al límite cuando una de las muchas trabajadoras del regimiento, misma que nunca
había tenido el infortunio de atender al inflexible oficial, llegó hasta donde
se llevaba a cabo el entrenamiento con la intención de entregarle al Coronel
Montemayor un paquete que contenía su desayuno, al ver a la humilde mujer el
Oficial al mando le dirigió una mirada de infinito desprecio, con desgano tomó
aquel paquete y después de abrirlo y constatar que lo que llevaba eran
alimentos, furibundo lo arrojó con repulsa al rostro de la afligida mujer,
mientras los restos de comida se derramaba en el césped, Rodolfo Montemayor le
dijo a gritos a la mujer:
“Debería estar prohibida la entrada a este lugar a las
mujeres, todas son unas soberanas inútiles, se confundió usted de oficial,
acaso no sabe quién soy yo, repita mi nombre, si es que acaso es usted capaz de
articular una sola palabra.”
Con gran nerviosismo la mujer respondió tartamudeando:
“Es… usted… el…Mayor… Rodolfo Banda.”
En aquel momento el resentido Coronel estuvo casi a punto de
estirar las manos para aprisionar el cuello de la joven para estrangularla y
robarle el último aliento de vida, pero se limitó a vociferar con furia:
“Estúpida mujer, soy el Coronel Montemayor, Rodolfo
Montemayor, es que acaso habla usted el castellano.”
La sujetó del brazo y la llevó arrastrando hasta la fila de
reclutas, formándola como si fuera una más de ellos, ya ahí acercó su rostro
hasta escasos centímetros de los de la joven y volvió a desgañitarse
señalándole:
“Repita cien veces mi nombre.”
Incrédula la mujer sonrió nerviosamente sin acatar aquella
instrucción, por lo que el Coronel volvió a gritarle aún con más furia:
“Es que es sorda acaso o es tan imbécil que no puede entender
lo que le digo, le ordené repetir mi nombre cien veces y quiero que lo haga
ahora, fuerte y claro.”
Entre sollozos y con las mejillas mojadas por las lágrimas
que le escurrían irrefrenablemente, la mujer comenzó a gritar el nombre del
Coronel una y otra vez.
En el transcurso de esos momentos el contingente no había
dejado de hacer los ejercicios que les habían sido ordenados, todos con
excepción de Severo Rueda, quien con enorme dificultad podía seguirse moviendo,
al ver los torpes movimientos del joven, el Coronel se sujetó con desesperación
la cabeza y bramó furioso:
“Ven aquí asqueroso gordo.”
Titubeante el joven se acercó hasta el oficial, quien con
furia lo arrojó hacia donde se encontraban tirados los restos de comida y le
ordenó al obeso muchacho:
“Trágate eso y hazlo completamente hasta terminarlo, no
quiero que quede ni un solo rastro de ello, quiero comprar que para lo único
que sirves en la vida es para comer como un animal, inmundo cerdo.”
Mientras Severo tragaba con dificultad, Rodolfo Montemayor
vio a la joven, la cual en ningún momento había dejado de repetir a gritos el
nombre del oficial, se acercó hasta ella y le dijo furioso:
“¿Qué es lo que usted hace?”
Aún llorando la mujer respondió:
“Justo lo que usted ordenó.”
Mientras la tomaba del brazo le dirigió una mirada en la cual
no solo había desprecio sino incluso un profundo odio, la separó del
contingente entretanto imitaba la forma en la que ella seguía repitiendo su
nombre y le dijo vociferando:
“Mujer tenía que ser.
Largase de aquí estúpida, no soporto verla ni un minuto más.”
Mientras la joven se marchaba sumida en un irrefrenable llanto,
el grupo de jóvenes se llenó de repulsión, sentimiento que por supuesto se
había generado en contra del Coronel Montemayor pero principalmente en ese
momento en contra de ellos mismos porque nadie de ellos se atrevió a defender
ni al recluta Severo ni a la humilde mujer.
El día prosiguió con el resto del entrenamiento a cargo de
los otros oficiales, hasta que al caer la tarde, el Coronel Montemayor, volvió
a hacerse presente ante los jóvenes reclutas para ordenarles acudir a las barracas
para alistar lo necesario pues a las cuatro de la mañana en punto estarían
partiendo con rumbo a la Sierra Madre para continuar con la búsqueda de la joven
de Las Casas Carvajal y de La Cueva, asignó a cada uno tareas, omitiendo a Iker
Sabatier y a Severo Rueda, a quienes vio hasta el final para ordenarles con
arrogancia:
“El cobarde Sabatier y el marrano Rueda se quedaran aquí en
el destacamento para realizar limpieza en las caballerizas, un apocado y un
seboso no me serán de ninguna utilidad en el campo de batalla.”
Iker se llenó de indignación ante aquella afrenta, haciendo
acopio de toda su prudencia para no señalarle al Coronel Montemayor que
justamente el vetusto hombre era el menos indicado para llamarlo cobarde,
cuando el que encabezaría a las tropas a la mañana siguiente sería el Teniente
de la Garza mientras el propio Rodolfo Montemayor se resguardaría con toda
comodidad en el destacamento sin arriesgar su vida en ningún momento, pero
nuevamente la sensatez hizo que el joven tuviera que tragarse sus protestas,
así terminó aquel día rompiendo filas para marchar a los dormitorios.
El más joven de los Sabatier a diferencia de los demás
reclutas acudió a la casa del capellán, ya que este era el lugar donde él vivía
en compañía de su hermana, la cual recibió amorosamente a su pequeño hermano,
quien al sentirse protegido con el abrazo de su hermana, liberó la frustración
que se había acumulado durante el resto del día y comenzó a llorar, cuando se
hubo calmado un poco le dijo a Tábata:
“Sabes que es lo peor, que creo que él tiene toda la razón,
soy un cobarde.”
Su hermana le sonrió sin entender del todo que era lo que le
había pasado, sin embargo sabía que tenía que ser algo relacionado con
Montemayor, entonces con dulzura le agitó los rubios cabellos y dejó que él
chico siguiera desahogándose, entonces el espigado muchacho dijo:
“Hoy nuevamente contemplé como humillaba a otros y no tuve el
valor de detenerlo, eso me convierte en su cómplice, en un miserable cobarde.”
Tábata lo besó amorosamente en la frente, lo encamino hacia
una bandeja con agua que había preparado para que el muchacho se aseara y le dijo:
“No te castigues hermanito, tú no tienes ninguna culpa de lo
que ese hombre haga, te he dicho que abusa de su poder, sin nuestros padres
aquí el oponerte a él prácticamente seria una sentencia de desalojo en nuestra
contra, a donde iríamos, le prometiste a padre protegerme y soportando al
coronel lo estás haciendo valerosamente.”
Se dirigió a la salida de la estancia en la que el muchacho
se asearía y antes de marcharse le dijo
a su hermano.
“A mis ojos eso te convierte en un héroe.”
Antes de disponerse a dormir, Iker comenzó a prender los
quinques que alumbraban el porche de la casa del capellán, así lo hizo también
con el que se situaba en la estancia que funcionaba como sala en aquella
pequeña casa y al pasar por el espejo que se ubicaba al centro de aquel cuarto,
un extraño resplandor que salía de este le hizo detener su marcha para ver
aquel objeto fijamente, pero a pesar de permanecer varios segundos viendo
aquella imagen no observó nada más que un ordinario espejo, sumamente cansado
Iker Sabatier se retiró a dormir.
Eras justamente las dos de la mañana en punto, momento en el
que todos los que ocupaban los diversos cuartos del regimiento dormían
plácidamente, cuando el portal se abrió dejando libre el paso para la llegada
de Mirall, el líder de la guardia evanescente.
Los Dampf fueron los primeros seres en surgir del vapor
creado al entrar en contacto el lago Malko, formado en la creación del Reino
Etéreo por las lágrimas de la noble reina Matka, con el fuego de los perversos
dragones, de aquel extraordinario vaho surgieron el resto de seres etéreos con
excepción de los Elfos, las Hadas y los dragones.
Los Dampf carecían de un cuerpo eran seres que vagaban en un
estado gaseoso del cual no pudieron trascender desde su nacimiento dada su
impaciencia por abandonar el lago Malko, cuando éstos seres tuvieron conciencia
plena de sí y vieron al resto de criaturas quienes con sus sólidos cuerpos
podían asir objetos y tocarse unos a otros, su ser irremediablemente se llenó
de una infinita envidia, la cual al no ser contenida dio pasó a un enorme odio
que terminó por ocuparlos plenamente, tornándose entonces en seres que
albergaron gran perversidad.
Uno de ellos, llamado Mirall*, se percató que el estado
fantasmal en el que ellos se consideraban condenados a existir, les otorgaba
una cualidad que no tenía ningún otro ser en todo la creación, los malignos
Dampf podían hacerse del control de otros cuerpos, pero solamente de los de
aquellas criaturas que no tuvieran fuerte voluntad para oponérseles.
Usurpando cuerpos que no eran propios, los perversos entes
comenzaron a asolar a los pueblos más débiles del Reino, hasta que la princesa
Löria frenó sus vandálicos actos, Mirall se vio traicionando por el resto de
los Dampf quienes juraron lealtad a la corona y persiguieron a su otrora líder
para llevarlo ante la justicia como el precio a pagar por su redención.
Mirall ocupando el cuerpo de un Elfo llamado Coriän*, fue
acorralado por Stoom*, el nuevo líder de los Dampf, a las orillas del Malko,
desesperado el vil ser se percató que no tendría oportunidad de huir, sin
embargo su naturaleza no le permitió rendirse, así que cuando estaba a punto de
ser alcanzado por el arma que fatalmente caía hacia su cabeza, vio su imagen
reflejada en las aguas del lago y de alguna manera logró transferir toda su
malevolencia hacia aquel reflejo.
Fue así como Mirall sobrevivió convertido en un reflejo de la
iniquidad que habitaba en su ser.
*Mirall (Miral)
Coriän (con una “a”
larga)
*Stoom (Stum)
Stoom con gran terror vio como su antiguo líder había logrado
salvarse de su ataque, el cual sin embargo alcanzó al Elfo Coriän, quien inevitablemente
pereció ante el acero del Dampf.
Mirall se burló de la suerte de su antiguo discípulo y lo
convenció de que no alcanzaría el perdón de los Elfos por el crimen que acababa
de cometer, logrando con sus insidiosos argumentos que el desesperado Stoom
volviera a unirse a su causa.
Al saberse solamente un reflejo, una idea surgió en el
interior de Mirall, por lo que hizo que Stoom llevará ante él un espejo, mismo
que fue colocado frente al lago justo en donde Mirall se encontraba atrapado,
al ver que su imagen se reflejaba en aquel cristal, la esencia de maligno ser
viajó hacia aquel objeto abandonando por fin el lago que se había convertido en
su prisión, lleno de dicha el vil ser se percató de las posibilidades que le
daba aquella habilidad recién descubierta.
Stoom cargaba el espejo cuando fueron alcanzados por Löria,
la Majestuosa Protectora Superior del Reino Etéreo, quien les obligó a
rendirse, la Princesa inmune al inicuo reflejo de Mirall cubrió el espejo con
su capa y llevó a los sediciosos ante el consejo de Elfos y Hadas, quien juzgo
a los dos Dampf, condenándolos al destierro al en ese entonces deshabitado
Smrt.
Los milenios pasaron y los Dampf deambularon solos por Smrt,
hasta que surgieron los primeros hombres, durante aquellos incontables siglos
Mirall tuvo demasiado tiempo para pensar, por lo que una nueva idea había
surgido en su interior, así que hizo que Stoom llevara el espejo ante uno de
los hombres, al ver éste la imagen de Mirall en el cristal, le permitió que su
reflejo pudiera viajar hasta sus ojos, con lo cual Mirall pudo tomar control de
aquel pobre sujeto.
Para cuando las capacidades de los mortales les permitieron
crear espejos, Mirall se volvió más poderoso, viajando a cualquier lugar al
cual pudiera llegar su reflejo.
Mirall y Stoom notaron que los humanos eran débiles de
carácter y les era prácticamente imposible oponerse a sus poderes, por lo cual
se valieron de sus habilidades para seguir cometiendo actos de gran vileza.
Un día los dos Dampf encontraron a otro desterrado, Marggise*,
quien era una Rwavhi*, seres con la capacidad de transformar su horrendos cuerpos
en cualquier objeto o ser con el que estuvieran en contacto, los tres
fantásticos seres unieron sus esfuerzos para
seguir consiguiendo sus infames propósitos, creando
de esa manera
*Marggise (Marguis)
Rwavhi (Ruavi)
La que llamaron “La guardia evanescente” a la cual con el
tiempo se unieron dos criminales desterrados más, Shaidea* y Bagan, la primera
era una Stín*, seres capaces de transformarse en sombras y habitar en ellas, el
segundo era un Djur*, terribles bestias de más de cinco metros de longitud cola
incluida, los cuales eran capaces de transformarse en homínidos o en cuervos.
Los perversos actos cometidos por la guardia evanescente en
contra de la humanidad eran incontables, sin que nadie hubiera podido comprobar
su existencia más allá de lo que señalaban las leyendas, hacia un siglo se
habían instalado en la principal potencia que existía en el mundo, pero como
estaban siendo perseguidos decidieron dejar España y viajar al nuevo mundo.
La noche que siguió al día en que las tropas habían marchado
en dirección a la Sierra Madre, Mirall fracasó nuevamente en su primer intento
por hacerse de un vehículo para salir esa noche del espejo, toda vez que la
voluntad del joven Iker Sabatier fue demasiado fuerte para doblegarse, así que
la vil criatura fue visitando cada uno de los espejos del destacamento hasta
que se encontró con los ojos de uno de los reclutas más jóvenes, Ernesto Treviño
Salinas, quien apenas contaba con catorce años de edad.
Habiendo tomado Mirall el control del cuerpo del joven, se
dirigió hacia la casa del capellán, misma en la cual había visto por la mañana
a la bella Tábata Sabatier, en su camino fue alcanzado por el resto de la
guardia evanescente, Bagan viajaba en su forma de cuervo, llevando consigo a
Marggise quien había tomado la forma de una pesada roca, misma que el ave dejó
caer sobre la cabeza de uno de los guardias que custodiaban el camino hacia la
casa del capellán, cuando la piedra se impactó contra el cráneo del recluta
Javier Cavazos de la Garza, éste de inmediato perdió el conocimiento y Marggise
tomó la forma del joven, cuyo cuerpo fue escondido por Mirall.
La guardia evanescente llegó hasta su destino, Stoom en su
forma de vapor no tuvo impedimento para ser el primero en pasar por la pequeña
rendija que se encontraba entre el piso y la puerta, la niebla subió por las
escaleras hasta llegar a la habitación del capellán, tomando en poco tiempo
control de su cuerpo, Stoom entonces abrió la puerta de la morada dejando libre
el paso al resto de sus compañeros, de los cuales Shaidea y Marggise se quedaron
custodiando el acceso, permitiendo con ello que ingresaran Mirall y Bagan, este
último se quedó en su forma de cuervo esperando en la habitación que servía
como sala.
*Shaidea (Shaidé)
*Stín (Estín)
Djür (Deyur con una u
larga)
Los sucesos del día aún deambulaban en la conciencia del más
pequeño de los Sabatier, por lo cual éste no había podido conciliar el sueño,
por lo que en cuanto escuchó el crujir de las escaleras, de inmediato Iker tomó
su espada y bajó a toda prisa para ver quien había irrumpido en la casa del
capellán a esas horas de la noche, al descender por la escaleras su sorpresa
fue enorme cuando vio como el capellán y Ernesto Treviño llevaban arrastrando a
su hermana, quien había sido impedida para solicitar auxilio mediante un trapo
que había sido amarrado en su boca, instintivamente el joven puso en alto el
arma y se lanzó en contra de los individuos que sin motivo sustraían a la joven.
Al percatarse que el arma se dirigía inevitablemente en su
contra, Mirall y Stoom dejaron caer a Tábata
y después de evadir el ataque, arremetieron en contra de Iker, quien
valerosamente contuvo la agresión, teniendo en poco tiempo a su merced a los
raptores, por lo que de inmediato el líder de la guardia emitió la orden a
Bagan quien presto dejó su forma de cuervo para transformarse en una bestia
cuadrúpeda de piel verde, con una larga melena de color dorado que le cubría la
totalidad del lomo, su achatado rostro mostraba furioso los largos colmillos con
los cuales amenazó al bravo joven.
En su transformación la bestia destrozó parte de la habitación
generando un gran estruendo, el cual hizo que la persona que se encontraba de
guardia de inmediato emitiera la alerta, sin embargo el regimiento se
encontraba prácticamente solo, por lo que los únicos que se encontraban en
posibilidad de acudir en auxilio de los hermanos Sabatier, eran el Coronel
Montemayor, Severo Rueda y diez oficiales más.
Al ver como el contingente se acercaba Shaidea y Marggise
emitieron una señal de alerta, la cual tuvo como efecto que Bagan se
transformara en cuervo y abandonara la casa del capellán, a pesar de que éste
en su forma de bestia era el más fuerte,
era vital para la guardia evanescente permanecer en el anonimato por lo que no
podían permitir que más seres humanos atestiguaran la existencia de la
fantástica criatura, aprovechando el desconcierto Mirall y Stoom habían vuelto a tomar sus
armas y se lanzaron en contra de Iker, quien no tuvo oportunidad de desatar a
su hermana.
Para cuando el Coronel Montemayor llegó a las puertas de la
casa, espetó órdenes a Marggise en su forma de oficial, quien diligentemente
respondió al Coronel señalándole que en esos momentos ya había un oficial
adentro y que tenían la situación controlada,
mientras tanto la maligna criatura se iba ubicando a las espaldas de los
oficiales.
Con evidente molestia
el Coronel señaló a la mitad del contingente que entrara a la casa para que
ayudaran a imponer el orden, los oficiales entraron de inmediato viendo
desconcertados como Iker Sabatier sostenía una férrea lucha con el capellán y
con el recluta Treviño, sin saber por quien tomar partido optaron por detener
aquella lucha y someter a los tres hombres, la escaramuza fue rápidamente
aplacada, pero mientras sujetaban al joven Treviño Salinas, éste vio
directamente a los ojos al oficial que lo sostenía, devolviendo la voluntad al joven
recluta para tomar totalmente la del oficial, quien entonces privó de la vida a
los dos oficiales que tenía más cercanos.
Por su parte aprovechando aquella confusión Stoom en su forma
de vapor abandonó el cuerpo del capellán para hacerse con el control de otro de
los guardias, el cual victimó al guardia restante que había ingresado momentos
antes a aquella habitación.
Confundidos tanto el capellán como el joven Treviño Salinas yacían
tendidos en el piso sin posibilidad alguna de contener el salvaje ataque de los
malignos seres quienes en el acto también los privaron de la vida.
Aquellos momentos fueron aprovechados por Iker para desatar a
su hermana, a la que había ordenado saliera por una de las ventanas de la cocina
para ponerse a salvo, en el momento justo en que Tábata huía, el joven vio como se lanzaban en su
contra los dos oficiales que momentos antes habían puesto fin a la trifulca,
con gran dificultad pudo esquivarlos y volver a tomar su arma con la cual arremetió
contra ellos.
Aquellos sonidos de lucha que provenían del interior de la
casa hicieron que el Coronel Montemayor reaccionara ordenando a tres miembros
más del contingente que lo acompañaba que entraran de inmediato al cuarto para
imponer el orden, los oficiales entraron viendo como sus compañeros combatían
al joven Iker, al percatarse de los cuerpos que yacían sin vida asumieron que
el joven había enloquecido ultimando al resto de las personas que se
encontraban tendidas en aquel piso, por lo que se unieron a la lucha en su
contra, de inmediato el recluta Sabatier estuvo consciente que no tendría
oportunidad de enfrentarse a los cinco guardias que tenía enfrente por lo que
subió por la estrecha escalera por lo que tendrían que seguirlo uno por uno, logrando
así poder ganar algo de tiempo.
Cuando por fin estuvo en el piso superior se encerró en uno
de los cuartos, bloqueando la puerta con cuantos muebles tuvo a la mano, sin
embargo aquellos no contendrían por mucho tiempo los incesantes golpes de los
soldados, por lo que Iker se dirigió a la ventana para comprobar si ésta le
ofrecía una ruta de escape franco, desde el cristal pudo ver a Margisse con la
forma de Cavazos quien ultimaba a dos de los guardias que le habían dado la
espalda, ante su incredulidad una de las sombras que proyectaban los
sobrevivientes cobró vida emergiendo de ella un oscuro individuo, quien atacó
al otro de los oficiales, en un santiamén solo se encontraban con vida el
Coronel Montemayor y Severo Rueda.
La situación era desesperada incluso si Iker fuera capaz de
vencer a los hombres que lo acechaban en la puerta, superándolo no solo en
número sino también en tamaño y fuerza, tendría que salir a enfrentar a aquella
sombra viviente, al oficial Cavazos y aquella bestia que se había hecho
presente en el interior de la casa, misma que en esos momentos no divisaba por
ningún lado.
El muchacho casi se rendía ante aquella bruma de adversidad,
cuando algo que vio en la pared hizo que resurgiera en él la esperanza.
Mirall, Stoom y los dos oficiales golpeaban salvajemente la
puerta cuando escucharon el crujir de cristales al interior de la habitación,
como respuesta redoblaron sus esfuerzos hasta que la barrera que los separaba
de su perseguido no pudo hacerles frente y fue abatida, todos se atropellaron
entrando al cuarto con dirección a la ventana para observar si el chico había
podido huir por ella, entonces escucharon como la puerta se cerró sonoramente.
De inmediato corrieron hasta ella solo para percatarse que el
joven no solo había descendido las escaleras sino que había utilizado el
líquido que alimentaba el quinqué que se encontraba en el cuarto, para
humedecer diversas prendas que fue dejando a través de la escalera, mismas que
cuando Iker se encontraba abajo hizo arder para formar un barrera de fuego
entre él y sus perseguidores.
A pesar de las nacientes llamas y el crujir de la madera de
las escaleras, Mirall no se amedrentó e intentó seguir al joven pero este le
lanzó el quinque el cual al golpear contra las escaleras estalló en llamas
haciendo retroceder al vil ser, permitiendo que Iker saliera a toda velocidad
de aquella morada ardiente.
El coronel Montemayor y Severo Rueda se oponían a duras penas
a los embates de la sombra viviente y del oficial Cavazos, por lo que no
tuvieron la oportunidad de reprocharle nada a Iker cuando este se les unió en
la batalla.
Con la participación del valiente joven pronto la lucha
comenzó a inclinarse a su favor, a pesar que Iker Sabatier esperaba con
preocupación que de un momento a otro volviera a unirse a la gesta aquella
enorme criatura, la bestia no se hizo presente, el cuervo siguió sobrevolando
la casa en espera de las instrucciones del líder de la guardia evanescente.
En la planta alta desesperados los dos guardias veían como
las llamas los habían acorralado en la habitación, a diferencia de los
agobiados oficiales, Mirall y Stoom mantenían una insólita calma, ante la
sorpresa de los angustiados soldados Stoom tomó su forma vaporosa abandonando
el cuerpo que ocupaba, mientras tanto Mirall corrió hasta la ventana para
lanzarse a través de ella al vacio.
Ante el crujir de los cristales y el seco sonido que provocó
el choque del cuerpo que había caído desde la segunda planta de la casa del
capellán, alarmado, Severo Rueda abandonó la lucha y corrió hacia aquel inerte
hombre tendido en el piso, el joven intentó auxiliar al malherido cuerpo que se
encontraba sangrante, con sumo cuidado, el noble muchacho sujetó su cabeza y
vio al moribundo hombre directamente a los ojos.
El joven Rueda ya no tenía más el control de su cuerpo,
Mirall había abandonado al moribundo oficial para hacerse con la voluntad del
malaventurado Severo, quien antes de unirse al ataque en contra del Coronel y
de su compañero Iker, ordenó al cuervo que localizara a Tábata.
Mientras Bagan volaba tratando de descubrir el paradero de la
joven, Iker propinó una estocada a Cavazos, consiguiendo que este cayera al
piso sin poder seguir participando más en la lucha, tras unos segundos de
espasmos la criatura dejó ver su verdadera forma, evidenciando que no se
trataba del oficial sino de Marggise, una criatura de extremadamente pálida y
arrugada piel y largos cabellos casi en su totalidad de un color amarillento.
Stoom intentó vanamente tomar el control del los dos
sobrevivientes, pero ninguno de ellos cedió su voluntad al domino de la maligna
criatura, la cual tuvo que conformarse con seguir en su forma gaseosa sin poder
participar en la batalla, en la cual el Coronel e Iker comenzaban a imponerse a
la solidificada sombra y a Mirall, lo que en esos momentos más deseaba el joven
Sabatier era acabar de inmediato con aquella pugna para intentar localizar a su
hermana.
Como un manifiesto vestigio de que la lid llegaba a su
conclusión, Shaidea quien ya había sido desarmada, no tuvo más remedio que
volver a tomar su forma de sombra, con la cual si bien no podía sufrir ningún
daño, tampoco podía infligirlo a sus enemigos, por lo que Mirall en el cuerpo
de Severo Rueda, al encontrarse solo en la batalla no tardó en ser vencido.
Sin tener una clara idea de lo que estaba pasando el Coronel
apenas pudo reaccionar para ordenar a Iker que sujetara a Severo Rueda,
mientras él se puso enfrente del joven para comenzar el interrogatorio mientras
lo golpeaba con todas sus fuerzas en el abultado estomago:
“Asqueroso gordo, dime qué clase de locura es la que se
apoderó de ti.”
Sin soltar a su doblegado compañero, Iker trató de alejarlo
de la furia del Coronel Montemayor, pero éste siguió golpeándolo recibiendo
como respuestas las risas de Mirall quien le dijo viéndolo directamente:
“Pobre anciano, no tienes ni la menor idea a lo que te
enfrentas en un momento Bagan regresará con la joven y desearás que tu destino
no se hubiera topado con el nuestro.”
Al escuchar al joven, el alto oficial solo pudo llegar a una
conclusión, por lo que aterrado expreso:
“Esto es obra de demonios”
Rodolfo Montemayor volvió a poner su arma en alto intentando
asestar un golpe al cuerpo de Severo, pero Iker lanzó al joven al suelo para
que la estocada no le alcanzara, tomando su espada para defender al joven
mientras el furibundo oficial le reclamaba airadamente:
“Tú también te encuentras poseso Sabatier, tendré que acabar
con ambos.”
El ataque efectuado por el Coronel fue efectivamente
bloqueado por Iker, quien con un movimiento desarmó a Montemayor, colocando
seguidamente la punta de su arma en contacto con el cuello del déspota hombre,
entretanto le decía:
“Es probable que todo esto sea obra de demonios, pero ese no
deja de ser el cuerpo de uno de sus alumnos y no permitiré que lo dañe sin
antes intentar liberar por algún medio de a Severo de cualquiera que sea el embrujo
en que haya caído.”
Montemayor sabiéndose en plena desventaja no pudo sino emitir
un leve sonido gutural de furia, de inmediato Iker alejó el arma del cuello del
oficial y se volvió en dirección a donde hacía tan solo unos instantes había
dejado a Severo Rueda tendido en el piso, para su sorpresa el joven ya se
encontraba de pie, más inmóvil y sin armas, sin denotar la mínima intención de
volver a iniciar la reyerta, Mirral a través del joven Rueda vio a los dos
hombres y con toda serenidad les dijo:
“Bagan ha encontrado a su presa y ya viene a mi encuentro,
pronto las doce estarán reunidas y finalmente cumpliré mi destino en esta
tierra.”
Fuertes pasos se escucharon viniendo a ellos más allá de la
humeante casa, cuando Iker y Montemayor dirigieron su atención a la causa de
aquel sonido se percataron como de la fumarada emergía la bestial criatura, la
cual para horror del joven Sabatier llevaba en uno de sus brazos a una
inconsciente Tábata.
Saliendo de su estupor Iker tomó de inmediato el inerte
cuerpo de Marggise, amenazando con
atravesar su cuello con su espada, frente a él tenía a Mirall en control del
cuerpo de Severo Rueda, a Shaidea quien nuevamente había abandonado las sombras
para volver a solidificarse y a Stoom quien se movía de un lado a otro en su
forma de vapor, teniendo la atención de todos el muchacho les gritó con todas
sus fuerzas:
“La criatura deberá soltar de inmediato a mi hermana, a no
dudaré en degollar a esta horrible mujer.”
Como respuesta Mirall vio lleno de odio al joven, cada uno de
aquellos seres podían ser criaturas despreciables, pero los miembros de la
guardia evanescente solo se tenían unos a otros, formando a través de los miles
de años que llevaban juntos, lazos tan fuertes como los de una verdadera familia.
En aquel momento de vacilación el único que actuó fue Bagan,
más solo para unirse a sus compañeros, entonces los cuatro vieron con honesta desesperación
como Iker sujetaba con fuerza a Margisse acercando cada vez más el arma al
cuello de la horrenda criatura, en esos instantes de suma tensión, Montemayor
fuera de sí, no pudo hacer más que recitar oraciones con desaforados gritos,
mientras también dibujaba en la tierra una enorme cruz, sobre la cual se paró buscando
la protección de aquella imagen que para el hombre resultaba sagrada.
Bagan dejo atrás su forma de bestia para poder hablar con
Mirall, a quien le dijo molesto:
“Es inútil que esperemos más, de sobra sabes que los mortales
no pueden herirnos, mi amada Marggise no
corre ningún peligro, acabemos con el humano sin más dilación.”
Mirall con evidente nerviosismo en su voz le respondió,
mientras lo sujetaba furioso de uno de los brazos:
“No te acerques más al mortal Bagan, no puedo permitir que tu
impaciencia ponga en riesgo a Marggise, yo la amo tanto o más que tú, si al
menos hubieras presenciado lo que yo, entonces comprenderías mi aflicción, pero
podrás entenderlo si aprecias con atención la herida que hay en el hombro de
nuestra amada.”
Incrédulo Bagan observó el hombro de Marggise, descubriendo
entonces la herida que ésta tenía en esa parte de su cuerpo, la cual era
evidente por el liquido verdoso que de ella brotaba, llena de terror la
criatura solo alcanzó a musitar:
“Eso es imposible.”
Mirall soltó el brazo de su compañero, mientras decía para
que lo escuchara cada uno de los miembros de la guardia evanescente:
“Extremen precauciones hermanos, el muchacho viene del linaje
de los Elfos o las Hadas.”
El desconcertado Coronel, vio a Iker Sabatier y fuera de sí
solo alcanzó a murmurar:
“Eres una aberración, Sabatier, tú no eres una criatura de
nuestro señor.”
Lanzándose furioso en contra del joven, quien ante el embate no
pudo seguir sosteniendo a Marggise, aprovechando la oportunidad que les era
brindada por el Coronel, Mirall ordenó a Bagan que tomará nuevamente su forma
de bestia para hacerse de la herida Marggise y darse a la fuga llevando también
a cuestas a la aún inconsciente Tábata, entretanto
Shaidea y Stoom se desvanecieron en el acto en sus formas de sombra y vapor
dejando solo a Mirall quien en dominio del cuerpo de Severo Rueda intentó darse
a la fuga, pero el rollizo cuerpo del joven no le permitió ir muy lejos por lo
que de inmediato fue atajado por Iker, quien lo amenazo con su espada, mientras
le gritaba desesperado:
“A donde se la llevaron demonio, dímelo, o juro que esta será
tu última noche.”
Mirall rió desaforadamente mientras le decía:
“Te he visto actuar joven mortal, la nobleza de tu alma es
evidente, pero en esta ocasión tanta virtud se ha tornado en tu contra, no me harás
nada porque el dañarme significaría herir el cuerpo que habito”
Desesperanzado, Iker se encontró ante la más grande
disyuntiva de su vida, soltar a Mirall significaría no volver a ver a su
hermana nunca más, sin embargo el cumplir su amenaza no solo representaría la
salvación de su adorada Tábata sino que implicaría también el manchar sus manos
de la sangre de un inocente.
En el momento más álgido de aquella angustiosa vacilación,
ocurrió un hecho magnifico, el joven escuchó una dulce melodía que evidentemente
solo él podía percibir así como una tierna voz que le musitó palabras llenas de
paz.
A pesar que Iker nunca lo sabría, esa noche Sarizin se sintió
plena de orgullo y completamente satisfecha porque el muchacho tuvo la entera
disposición de escucharle, seguramente él nunca podría atribuirle a ella la
participación en la salvación de su alma, pero eso era lo menos importante para
su Hada madrina, quien una vez más había sido escuchada por el noble muchacho
al sugerirle a Iker el camino a tomar.
Iker sujetó con más fuerza a Mirall, diciéndole mientras
indicaba al sitio en donde venia corriendo Montemayor en dirección a ellos:
“Tienes razón monstruo, a pesar que puedo herirte no lo haré,
sin embrago esta noche has visto también actuar a aquel hombre, crees que
también hay en él la piedad necesaria
para detener su espada.”
Mirall rió escandalosamente mientras le respondía al joven:
“Aquel soberbio hombre no es más que un simple mortal el cual
por supuesto no podrá hacerme ningún daño, no hay nada con lo que puedas
amenazarme que me provoque alguna incertidumbre, pronto me reuniré con mis
hermanos y tú no volverás a ver jamás a la doncella.”
Como respuesta el que ahora rió fue Iker, quien le respondió
a un desconcertado Mirall:
“Por lo que has señalado es más que posible que el anciano a
ti no puede dañarte, pero crees que ocurrirá lo mismo con el cuerpo en el que
te encuentras.
Yo también he presenciado tus acciones, he visto como has
ocupado cada uno de los cuerpos con los que te he enfrentado, oscura criatura.
Piensa entonces en esto con mucho detenimiento, en unos
segundos el Coronel sin vacilar privará de la vida a Severo, ¿has ocupado
alguna vez el cuerpo de un cadáver?, ¿tienes la certeza que podrás salir de
él?, porque de lo que no debes tener ninguna duda es que en cuanto mi amigo
haya perdido la vida a manos del Coronel, me encargaré de cerrarle los ojos
para que nadie pueda reflejarse en ellos nunca más.”
Mientras Mirall meditaba con terror las palabras del joven,
Iker añadió implacablemente:
“Estas dispuesto a pasar una eternidad en un cuerpo que será
sepultado,”
Cuando el Coronel se acercó a escasos centímetros, Mirall
dijo con tono suplicante:
“Mi horrible destino esta sellado, Mesties Alfur*, te diré lo
quieres saber si prometes no dañar a ningún miembro de mi familia.”
Iker asintió mientras Mirall le dijo:
“Encontrarás a salvo a tu hermana en el cerro de Mitras”
Mirall no pudo decir nada más porque el corazón de Severo
Rueda fue cruzado por la espada de Montemayor.
Mientras aquel cuerpo al que se le escapaba la vida yacía
tendido, furioso Iker propino un puntapié en el pecho del Coronel Montemayor
que lo hizo impactarse contra el piso, entonces el joven Sabatier intentó
asistir al recluta Rueda pero lo único que se encontró fue la desesperada
mirada de Mirall quien tenía la conciencia que aquel cuerpo sería su eterna
prisión.
A pesar que sentía desprecio por aquella criatura que fue la
responsable de las muertes del capellán y sus compañeros, en esos momentos Iker
no pudo evitar sentir una empatía por la desesperación que aquellos ojos
mostraban, sin embargo el joven Sabatier no podía permitir que nadie más
sufriera la suerte que Severo Rueda había padecido, así que el muchacho no tuvo
más remedio que cerrar aquellos ojos que suplicaban piedad.
Rodolfo Montemayor se había reincorporado e intentó
torpemente atacar al joven, pero este evadió los ataques del maduro hombre,
hasta que cansado de sus gritos lo desarmó y lo sujeto contra el piso, mientras
perdiendo la calma le reclamó no solo por el vil acto que había cometido en ese
momento, sino por todas aquellas acciones que nunca se atrevió a reclamar:
“Orgulloso viejo, eres tan o más despreciable incluso que estas
monstruosas criaturas, acabaste con la vida de un inocente sin mostrar ningún
indicio de compasión.
Estoy tan cansado de tu vileza, te has aprovechado de tu
condición para humillar sin miramientos a otros seres que merecían el mismo
respeto que tu, nos has llamado
cobardes, pero es que acaso alguna vez te has preguntado lo que eres tú.”
No he conocido nadie más cobarde que Rodolfo Montemayor, día
tras día te has protegido bajo el manto de tu rango para abusar de personas a
las que debías guiar, no atemorizar.”
Te has visto en un espejo, no eres más que un anciano al que
cualquiera de nosotros podría golpear sin miramientos, pero todos hemos tenido
más valor como individuos que tu y hemos respetado tus años y tu rango.
Mezquino senil, todos estos años te has vanagloriado pensando
que a tus alumnos les imponía tu fuerza y presencia, ridículo anciano debes
saber que todos te han respetado únicamente por una enorme necesidad.
La necesidad de seguir aquí, de no defraudar a sus padres, de
cumplir un sueño.
Eres un cobarde Rodolfo Montemayor, el peor de los cobardes,
te valiste de tu posición para humillar a los más débiles, sin darte cuenta que
no existe ningún valor en ello.
Tenías el conocimiento y la posibilidad de ser el mejor guía
pero te dejaste seducir por tu posición para contar con el poder para denostar
a aquellos que no tenían ninguna posibilidad de defenderse, podrías haber sido
un excelente mentor para cada uno de nosotros, alguien que nos inspirara, no
alguien que nos aterrorizara, pudiste ser en verdad un maestro y te conformaste
con ser un déspota tirano.”
Entonces el joven lo soltó, dejando al Coronel en el piso, el
cual tras unos instantes se reincorporó para gritarle altaneramente en
respuesta:
“A dónde vas Sabatier, eres una abominación, un error de
dios, tal como esas criaturas, te juro que te cazaré a donde quiera que vayas,
no habrá un solo lugar en la Nueva España en el que puedas esconderte de mí.”
Iker regresó hacia donde estaba Montemayor, alzó el puño para
asestarle un furioso golpe, pero contuvo toda su ira y con enorme lástima le
dijo al oficial:
“El único error de dios es permitir que haya personas como tú
que no puede ver el prodigio que es la singularidad que hay en cada individuo.”
Hizo una pausa y luego añadió:
“Voy a rescatar a mi hermana y a cada una de las jóvenes que
esos demonios secuestraron, están en el cerro de Mitras, si en verdad hay algo
de valor en ti me acompañaras para enfrentar a esas criaturas.”
Montemayor lo vio con desprecio y marchó hacia los cuartos del
destacamento.
Durante el resto de la noche Iker siguió las señales que las
criaturas habían dejado en su partida, por supuesto se encontraba lleno de
terror por tener que enfrentar completamente solo a aquellas criaturas, pero le
plantó cara al temor con aplomo hasta apartarlo casi por completo de su
corazón.
Para cuando el sol estaba a punto de aparecer, Iker les dio
alcance, percatándose a lo lejos como la
guardia evanescente se introducía en una caverna, estuvo a punto de lanzarse al
ataque, pero sabía que aquello sería suicida, una acción irracional en la que
tendría que matar o morir, si algo el joven no quería era ser como Rodolfo Montemayor,
él tenía el valor de respetar la vida incluso la de aquellas criaturas que le
parecían despreciables, así que abrió su corazón para meditar un tiempo y
encontrar la respuesta a su dilema.
La solución no pudo llegar de inmediato, el alma de Iker
Sabatier era un mar de confusiones, como si su alarmante situación no fuera
suficiente, seguía resonando en todo su ser lo que le habían dicho el Coronel Montemayor y la
criatura llamada Mirall, ellos lo llamaron demonio, error de dios y Mesties
Alfur, lo que el joven más deseaba en ese momento era que se encontrara en ese
lugar su madre para que le explicara todo aquello, pero ella estaba
desaparecida, el se encontraba completamente solo.
Cuando más desesperado se sintió el joven, su alma escuchó
nuevamente aquel amigable susurro que le abrazo tiernamente, Iker se había sentido
innecesariamente solo, su Hada Madrina se encontraba a su lado, en ese momento a
pesar que no podía verla, la sintió plenamente abriendo la conciencia del joven
para que recibiera sin dudas a la Magia, entonces Iker entendió la clase de
milagro que él era, supo del Reino Etéreo, de los Elfos, de las Hadas, que
aquellas maravillosas criaturas a las que había enfrentado no eran demonios y
conoció el significado de Mesties Alfur, comprendiendo porque Mirall lo llamó
asi, efectivamente en él había sangre de Elfo, su padre era un mestizo hijo de
Elfo y humana y les había transmitido esa singular característica a Iker y a
Tábata, eso lo hizo sentirse más cerca de la Magia, más cerca de dios.
Con decisión Iker soltó sus armas, incluso si su plan no funcionaba,
no deseaba verse tentado a usarlas, avanzó con precaución hasta el interior de
la caverna hasta llegar a una amplia bóveda iluminada en la que lo primero que
vio fue la imponente figura de Began en su forma de bestia, a su lado dormía
sobre su lomo Marggise, sin embargo no podía hallar por ningún lado a Shaidea y
a Stoom, pues en sus formas de sombra y de vapor eran imperceptibles en aquella
oscuridad, siguió avanzando por la grutas protegiéndose en la oscuridad, hasta
que murmullos de voces femeninas le hicieron tomar la dirección que lo llevó a
otra bóveda contigua de menores dimensiones que aquella en la que se
encontraban las criaturas, su corazón se aceleró por la esperanza brindada por
aquel sonido y cuando por fin tuvo una visión clara su valor fue recompensado
pues en dicho lugar no solo se encontraba Tábata sino cada una de las doncellas
secuestradas.
Con discreción se acercó hasta ellas haciéndoles un
silencioso llamado, las jóvenes mujeres se llenaron de emoción al ver por fin a
una persona que pudiera poder fin a su cautiverio, por lo que Iker de inmediato
les hizo señas para que la dicha que sentían no se desbordara advirtiendo a sus captores del conato de
escape, el joven se percató que se encontraban todas unidas por una cadena que
se hallaba fuertemente sujeta a una de las paredes de la caverna, lamentándose
entonces por no haber llevado consigo aunque fuera un pequeño cuchillo que le
permitiera forzar aquellos grilletes.
Al comprobar que los eslabones de la cadena no cederían solo con
la fuerza de sus manos, Iker optó por no perder más tiempo en aquella imposible
tarea y se dirigió hasta el sitio en el que se encontraba su hermana, dándole un
fuerte abrazó mientras le cuestionaba cuales eran las intenciones de las
criaturas para con ellas, Tábata le musitó al oído:
“Por increíble que parezca, no quieren hacernos daños,
solamente tienen una visión retorcida de…”
La explicación de la joven fue suspendida cuando con terror
se percató como Shaidea tomaba su forma de sombra solida, para sujetar a Iker
del cuello, mientras colocaba una daga en sus costillas a forma de amenaza,
interrogando de inmediato al joven:
“Habla o te prometo que te otorgaré una muerte lenta y
dolorosa, ¿en dónde está Mirall, qué han hecho con él?”
Sin intimidarse ni siquiera por un momento, el valeroso Iker
le respondió a la espectral criatura:
“No hablaré a menos que llames a tus compañeros, puedes
matarme si quieres, pero jamás encontraran a Mirall y créeme cuando te digo que
el destino que tiene deparado si no lo hayan es el más trágico que pueda haber
para el.”
A pesar de no dar crédito a las palabras del joven,
finalmente Shaidea llamó al resto de la guardia evanescente, para cuando todos
estuvieron frente a Iker, el muchacho les dijo con innegable convicción en su
voz:
“Saben que soy un Mesties Alfur, que puedo herirlos e incluso
extinguir sus vidas, he vencido a Mirall y lo obligué a ver directamente a los
ojos a un gato montés, él está atrapado en el cuerpo del pequeño animal, al
cual he apresado en una oscura jaula, la cual se encuentra escondida en estas
montañas, sin que nunca nadie la pueda hallar.
No tienen opción, si no quieren que Mirall pase una eternidad
atrapado en el cadáver de un gato, tendrán que liberarme y dejar que las
doncellas vengan conmigo.”
Margisse emitió un ahogado grito de terror y suplicó a Bagan
que evitaran aquel amargo destino para Mirall, así que la bestia tomó su forma
homínida y le dijo a Iker Sabatier.
“Debería devorarte sin piedad mortal, pero Mirall ha sido un
guía para todos nosotros, lo amamos como se ama a un padre, pero no podemos
confiar en ti, que garantía tendremos que nos dirás la localización correcta de
nuestro líder, liberaremos a las jóvenes hasta que nos hallas entregado a
Mirall.
Sin embargo es lógico pensar que tú tampoco confías en
nosotros, así que la única solución es vernos al alba en el arroyo más próximo
a la cara occidental de este cerro, tu nos entregaras a Mirall y nosotros te
entregaremos a las mujeres, no se hablé más.”
Iker fue liberado y pudo entonces retirarse de la caverna, al
encontrarse solos los miembros de la guardia evanescente, Shaidea reclamó
airadamente a Bagan el haber accedido a las intenciones del joven, la bestia les
reveló sus verdaderas intenciones, entonces la guardia evanescente salió al
encuentro de Iker Sabatier.
Al alba para cuando los seres etéreos llegaron al lugar que
Iker les había señalado, encontraron a las orillas del lago una caja hecha de
madera, Bagan se transformó en bestia mientras ordenó a Marggise que rompiera
la caja, de la cual la criatura extrajo a un gato montés, al cual estrechó
fuertemente a su pecho para protegerlo, Bagan empezó a buscar por los
alrededores al Iker, y al no encontrarlo lanzó un terrible grito de furia cuyo
eco resonó por toda la montaña.
Para esos momentos Iker prácticamente había logrado forzar el
grillete que unía a la cadena con la roca, las chicas gritaban desesperadas
apresurando al joven, mientras Tábata hacia todo lo posible por
tranquilizarlas.
Las jóvenes entre lágrimas lograron salir de la cueva,
encontrándose cegadas momentáneamente
por la luminosidad que no habían podido percibir en días, detrás de
ellas, Iker abandonaba aquella oscura caverna, hasta que lo que era
aparentemente su propia sombra, tomó forma corpórea para lanzarse a agredir al
muchacho con una daga que portaba en unas de sus manos, la cual se clavó
directamente en una de las piernas de joven, provocándole un profuso sangrado.
Al escuchar el grito de su hermano, Tábata intentó regresar a
la caverna a auxiliarlo pero su esfuerzo fue vano pues fue arrastrada por la frenética
marcha del resto de las jóvenes que buscaban alejarse de ahí, en el interior de
la gruta Sabatier había logrado hacerse de una piedra con la cual le propinó un
fuerte golpe a Shaidea el cual hizo que la criatura frenara momentáneamente su colérico
ataque, entretanto luchaba por reponerse del fuerte impacto, la sombría mujer
le dijo al joven con un tono que evidentemente dejaba ver la desesperación que
ahora se apoderaba de la criatura.
“Les dije que no podíamos confiar en ti, pero Bagan no creyó
que pudieras mentirnos, no puedes ser tan cruel para robarnos a nuestras hijas,
que clase de sentimientos albergas que eres capaz de destruir a nuestra
familia.”
Mientras tomaba la daga Iker sintió compasión por aquella
criatura, comprendiendo que ningún miembro de la guardia evanescente había
tenido la intención de dañar a las doncellas, su propósito únicamente era dotar
de vástagos a una torcida versión de familia en la que cada uno de ellos jugaba
un papel, sin embargo aquello no podía disculpar las graves faltas que habían
cometido separando a todas aquellas jóvenes de sus verdaderos padres,
ocasionando innumerables muertes de cada uno de los inocentes que intentaron
defenderlas, entonces abandonándole aquella compasión le dijo a Shaidea:
“Cada una de ellas tienen una madre que le espera con
angustia, un padre y una familia que darían la vida porque ellas volvieran a su
verdadero hogar, no te das cuenta que de
quedarse con ustedes les estarían robando su vida.”
La criatura le respondió, totalmente fuera de sí, gritando
henchida de furia:
“¡No!, su vida está a mi lado, ellas son mis hijas, lo
correcto es que permanezcan por siempre al cuidado de su madre.”
Iker arrojó la daga fuera de la caverna y mostrándose desarmado
le dijo a aquella mujer que evidentemente se afligía con sinceridad por cada una de las doncellas:
“Es fácil para ti decir que todas ellas son tus hijas, más no
les muestras realmente amor, si no solo lo haces por ti, si en verdad las amas
como una madre ¿por qué quieres condenarlas a una vida de cautiverio entre las
sombras?, sin pertenecer a ningún lugar, huyendo por siempre de una jaula a
otra, convirtiéndolas tan solo en una desterrada como tú.
¿No sería lo propio en una madre diligente procurar lo mejor
para sus vástagos?, incluso a pesar de su propio sufrimiento.”
La sombra viviente permaneció en silencio, inmóvil,
contemplando al mortal que la había desafiado, entonces sin más también soltó
su arma, dio media vuelta y se perdió como una más de las sombras de la enorme
caverna.
Para el atardecer tras una ardua marcha dificultada por la
cadena que unía a cada una de las jóvenes, finalmente el exhausto grupo divisó
las modestas casas que marcaban el contorno de la ciudad de Nuestra Señora de
Monterrey, sin excepción aquel singular contingente suspiro aliviado al sentir
la protección de la ciudad tan cerca de ellos, ahí habiendo tenido los
instrumentos necesarios y con ayuda de un viejo herrero, Iker Sabatier logró finalmente
separar las cadenas que unían a las jóvenes, quienes en ese momento no solo se
sintieron física sino espiritualmente liberadas mientras a cada paso que daban
dentro de la ciudad se iba desvaneciendo la posibilidad de ser recapturadas por
las horribles criaturas que les habían hecho vivir tan enorme suplicio.
Mientras entre lágrimas las jóvenes abrazaron y besaron las
mejillas de Iker agradeciendo a su salvador, el muchacho les señalo:
“Quienes no tengan familiares o amigos en la ciudad vayan
directamente hasta el edificio que alberga al regimiento del ejército, ahí les
prestaran ayuda para llegar a casa.”
Ninguna de las doncellas se movió, todas observaban a Iker
sin musitar palabra alguna, hasta que una de ellas, una hermosa chica de
cabello castaño con tonos rojizos, cobró valor y le preguntó al joven:
“No podemos partir a casa, hay una duda que nos atormenta
sobremanera, todas presenciamos como esos horribles seres podían tomar el
control de las personas, tememos por nuestras familias, puede ser que alguno de
ellos se encuentre escondido en nuestro interior y en nuestra ignorancia lo
llevemos a casa.”
Iker se acercó hasta la joven, la tomó de la mano y dijo
dirigiéndose a todas ellas:
“No debe haber ninguna clase de incertidumbre en ustedes al
respecto, el poder de esas criaturas se encontraba limitado por la voluntad del
morador, por tanto ninguno de ellos podía tomar el control de mujer alguna,
porque la voluntad de toda mujer es indomable.”
La joven apretó fuertemente la mano de Iker, se acercó más hasta
el joven Sabatier, tomando con sus manos sus mejillas y propinándole un
cariñoso beso en los labios, sin decir nada mas las doncellas se marcharon,
dejando a un sonrojado Iker, quien evitó a toda costa encontrarse con la sarcástica
mirada de Tábata.
Durante el trayecto a la ciudad de Nuestra Señora de
Monterrey, los hermanos Sabatier habían charlado a detalle de todo lo
acontecido, motivo por el cual sabían que para ellos no era una posibilidad el
regresar al regimiento, entonces con nostalgia y cierta desesperanza, Iker
abrazó a su hermana mayor, mientras le decía:
“Nos hemos quedado sin un hogar hermanita, ahora no se que
más hacer.”
La joven le besó en la frente y con plena seguridad le dijo a
su hermano:
“Abandona toda preocupación, necesitaremos toda tu fuerza y voluntad
en la empresa que nos espera, debemos marchar con prontitud a Nueva Vizcaya.”
El chico vio a su hermana con plena incertidumbre, mientras
ella intentando responder a aquella inquietud, añadió a forma de explicación:
“Durante mi cautiverio en las Mitras conocí a los Drakes, sé
que cuando los veas te simpatizarán tanto como a mí, son unas pequeñas
criaturillas voladoras no más grandes que un colibrí, tienen la piel de color
azul y su cabello es de fuego, ellas me dijeron lo mismo que a ti te señaló
Mirall, que tú y yo somos Meistes Alfur y que ellos como mensajeros de ambos
reinos tenían que confiarnos una misión que solo nosotros podíamos llevar a
cabo.
Me hablaron de un ave colosal, parecida a una lechuza pero con
brazos y piernas, me señalaron que sus enormes ojos eran de un rojo intenso y
sus plumas pardas, finalmente me previnieron de la perversidad de la monstruosa
criatura que fue también desterrada hace algún tiempo del Reino Etéreo.
Viajó oculta en un barco desde España y desde que llegó a las
planicies de Nueva Vizcaya, en su colérica venganza comenzó a raptar a
inocentes niños, luego aquellos indefensos no fueron suficientes para sus
perversos planes por lo que prosiguió llevándose también a hombres y mujeres,
los Drakes me dijeron que en el Reino Etéreo fue llamado Rädsla* pero en España
lo nombraron como el Bú, por supuesto dicha
información no sería vital para nosotros si no fuera porque finalmente me dijeron que hace meses
un grupo de soldados de la corona los enfrentó valerosamente, la mayoría fueron
ultimados por el brutal monstruo, sin embargo dentro de los pocos sobrevivientes se
encontraban el líder de aquellos hombres y su brava esposa, los cuales fueron
raptados también por el temible engendro.”
Tras escuchar aquellas palabras, Iker esbozó una excepcional
sonrisa, tomó de la mano a su hermana jalándola con todas sus fuerzas para
encaminarla con un rumbo determinado, mientras le decía con gran seguridad:
“Marchamos a Nueva Vizcaya, vamos a cazar al Bú y a recuperar
nuestro hogar.”
A Tábata, a Iker y a la ciudad de Monterrey.
6 de diciembre de 2013
Interesante Relato. Muy intrincado y a ratos dificil de entender. Es obvio que el personaje principal no es el coronel Montemayor, al comienzo del Relato asi lo parece. Al avanzar el Relato, nos damos cuenta que el verdadero protagonista es Iker, descendiente de una raza antigua conocida como los Meister Alfur. A pesar que se remarca el hecho de que estas criaturas que se esconden en las sombras, no son demonios, el hecho cierto es que si lo son. Entonces, aqui lo que el Relato nos cuenta, es una Batalla Espiritual. Espiritual, no solo por la violenta confrontacion entre seres humanos corporeos contra criaturas espectrales de humo y sombras, si no tambien, por los dilemas a los que Iker tiene que enfrentarse en lo mas profundo de su noble y bravio corazon. No quisiera sugerir un nombre para tu Relato, porque para mi tiene las caracteristicas de las Gestas Mitologicas, asi como las Grandes Epopeyas que nos ha legado la Historia y la Literatura. Sin embargo, con mi Comentario, espero dejarte una pista de cual podria ser el Titulo para tu Relato. Felicitaciones!
ResponderBorrarAgradezco infinitamente que te tomarás el tiempo para leer el relato y sobre todo para hacer un comentario tan exhaustivo, es un honor que puedas comparar mi cuento con las gestas mitológicas, en verdad mil gracias.
BorrarConsidero honestamente que si algún día aspiro a pulir mis habilidades como escritor, ante todo debo ser humilde y reconocer mi errores y el que cometo con regularidad es dar por sentado que los lectores conocerán la trama, como por supuesto yo como creador lo hago, lo que lleva a que por momentos el relato pueda resultar confuso por la falta de explicación de algunos temas, prometo mejorar en ese aspecto.
Por ultimo gracias también por los comentarios respecto al titulo del cuento, serán muy tomados en cuenta, por ahora de todos lo que atinadamente me dices, estoy por escoger un titulo, en cuanto lo haga te avisaré con mucho gusto, será un verdadero placer enviarte mi novela hasta las tierras en las que nació el realismo mágico.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderBorrarAgradezco infinitamente que te tomarás el tiempo para leer el relato y sobre todo para hacer un comentario tan exhaustivo, es un honor que puedas comparar mi cuento con las gestas mitológicas, en verdad mil gracias.
ResponderBorrarConsidero honestamente que si algún día aspiro a pulir mis habilidades como escritor, ante todo debo ser humilde y reconocer mi errores y el que cometo con regularidad es dar por sentado que los lectores conocerán la trama, como por supuesto yo como creador lo hago, lo que lleva a que por momentos el relato pueda resultar confuso por la falta de explicación de algunos temas, prometo mejorar en ese aspecto.
Por ultimo gracias también por los comentarios respecto al titulo del cuento, serán muy tomados en cuenta, por ahora de todos lo que atinadamente me dices, estoy por escoger un titulo, en cuanto lo haga te avisaré con mucho gusto, será un verdadero placer enviarte mi novela hasta las tierras en las que nació el realismo mágico.