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lunes, 14 de noviembre de 2016

Mi mundo menguante.



Buen día sean bienvenidos de nueva cuenta a este blog en el que siempre serán recibidos con un enorme agradecimiento por tomarse el tiempo para leer mis artículos  y mis historias, eso es en verdad sincera amistad de su parte.

Una de las características más interesantes y bellas de la ciencia ficción y la fantasía es la posibilidad de tratar en ella temas y preocupaciones que inquietan al ser humano desde que tuvo conciencia de su existencia y poder hacerlo desde una óptica totalmente diferente como si se tratará de una maquina de humo que permite poner cierta niebla a cuestionamientos que vistos de manera diáfana podrían resultar brutales para nuestra visión, uno de esos temas es por supuesto nuestra propia mortalidad.

Como bien lo dice el refrán, cada uno de los más de siete mil millones de habitantes de esta esfera azul compartimos una certeza inexorable:

“todos nos dirigimos hacia la muerte”

Tarde o temprano nuestro final destino será llegar a lo que percibimos como algo fatal y desconocido, a través de la literatura de fantasía y de ciencia ficción innumerables autores han abordado el universal temor que la mayoría sentimos por la muerte encausando sus narraciones a la búsqueda de la inmortalidad de sus personajes, sin embargo en la mayoría de los casos, para quienes han alcanzado la perennidad de sus cuerpos, tal condición siempre es presentada más como una maldición que como el añorado premio que perseguían con ahínco.

¿Es lógico que  aquello que tanto deseamos pueda terminar resultando un acontecimiento abominable?

Desde Drácula hasta los androides de historias futuristas, para cada uno de ellos la perseguida inmortalidad acaba siendo una terrible condena de la cual buscan desenfrenadamente apartarse.

Lo anterior siempre resultó para mi inexplicable;

¿Cómo puede alguien no aferrarse a la vida eterna?

La dolorosa respuesta, como otras a los más importantes cuestionamientos de mi vida, me ha llegado solo con el tiempo.

Al día de hoy tengo 41 años y algunos de los más importantes aspectos de mi vida comienzan a difuminarse, ahora recuerdo entre risas, el momento en que mi madre cumplió 40 años, mi hermano mayor me vio con profunda preocupación y me dijo:

“Nuestros padres ya están grandes”

Aquello representaba, como cualquier reflejo del paso del tiempo, una inminente y grave preocupación para mí, puesto que desde mi percepción a medida que yo iría creciendo mis padres y abuelos irían tornándose viejos.

Al día de hoy, cuando ya soy mayor de la edad que en ese entonces tenía mi madre, y que a ella, ya con 60, la veo tan fuerte como lo veía en ese día, he comprendido lo joven que eres a los cuarenta años, sin embargo no puedo dejar de aceptar que el tiempo ha pasado y que a todos nos va cobrando factura ya sea en nosotros mismos o en nuestro mundo.



Mi mundo comienza a difuminarse levemente, ya hay una ligera niebla en el, mi padre ya no está y la gran mayoría de los viejos a los que conocí en mi niñez también se han marchado y su lugar ha sido ocupado por los fuertes jóvenes que fueron mi madre y mis tíos.

Mi adorado abuelo Francisco, nos narraba una historia que presenció cuando era apenas un poco mayor de lo que hoy soy; un querido amigo que se había marchado de la tierra natal desde la juventud, un buen día regresó a casa, ya convertido en un hombre hecho y derecho, en cuanto llegó comenzó a visitar a los amigos de antaño pero se sorprendió cuando en cada casa se encontraba con notables y sensibles ausencias, entonces muy preocupado le comentó a mi abuelo:

“Entonces dime tu Pancho ¿En donde es que están todos los viejos?”

Mi abuelo le sonrió y le dijo:

“No lo ves, ahora los viejos somos nosotros.”

En mi mundo comienzan a haber brumas, el de mi madre ha menguado y el de Don Pancho prácticamente ha desaparecido.

El mundo en el que mi abuelo se encuentra es un sitio prácticamente extraño para él, aquí ya no está su esposa ni ninguno de sus mejores amigos, incluso muchos de los jóvenes que lo llamaron maestro también se han ido, en cambio nos encontramos un grupo de personas que difícilmente nos tomamos el tiempo de escuchar sus historias y pasar más de unos cuantos minutos con él.

Ahora, en cada diciembre en que la familia se reúne en casa para las fiestas navideñas, mi abuelo ha dejado de ser un protagonista y se ha vuelto un espectador, uno al que casi nadie quiere escuchar y eso es en verdad doloroso.

Por mi parte como la gran mayoría, sueño con la inmortalidad o con una vida muy duradera sin embargo deseo que sea una en la que esté solo mientras mi mundo no haya menguado por completo.

En memoria a mi tía Toyita.  

16 comentarios:

  1. Hola amigo, los años pesan según van cayendo sobre las espaldas y cada etapa tiene su grandeza, su hermosura. No todo lo que representa la juventud o una edad mediana es o tiene por qué ser buena, todo tiene su momento. En lo que no estoy en consonancia contigo es en la inmortalidad del ser humano. En qué condiciones serían?, envejeceríamos?, nos quedaríamos en una edad determinada?, que ilusiones nos llevarían a experimentar el deseo de seguir viviendo?. Tengo mis dudas al respecto. Un abrazo.

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  2. Triste pero real amigo mío hay vamos caminando si Dios quiere un saludo ��������

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    1. Muchas gracias por tomarte el tiempo para leerme, saludos afectuosos.

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  3. Muy profundo y reflexivo tú artículo J. F. Dominguez, cierto es que aún en la actualidad, en éste siglo XXI, la muerte y el envejecimiento (bajo la figura de un hombre o una mujer llenos de arrugas), se ven como algo negativo, pero lo que olvidamos es que siempre, en cada momento de nuestro existencia, desde que nacemos, estamos envejeciendo. El problema es que nuestra cultura no nos enseña a lidiar "sanamente" con éstos temas.

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    1. Gracias por visitarme y regalarme unos minutos para leerme, como bien señalas nuestra cultura no nos enseña a lidiar con un acontecimiento que es parte de la vida y que deberíamos entender como algo natural, así quizás sería mas usual el celebrar la vida.

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    2. Así es, una de las razones por la que tenemos ésta percepción de la muerte es porque, cuando somos muy jóvenes, los mayores nos enseñan, voluntaria o involuntariamente, a ver las cosas de forma negativa. Ya en la etapa adulta, son muy pocas las personas que se dan un momento para "reflexionar" la naturaleza de ésta situación. Desde luego, como un mecanismo de "defensa", es natural temer a lo desconocido, y la muerte lo es con letras mayúsculas.

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  4. Un artículo lleno de sentimiento, emocionante. No me atrevo a añadir nada, todo lo has explicado de manera magistral. El ciclo de vida nunca se detiene para bien o para mal. Un abrazo!

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    1. Muchas gracias por tus palabras, saludos afectuosos.

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  5. Hola!
    Reflejo de lo que es la vida y de como nos desenvolvemos. Al final, todos llegamos a la muerte. Podríamos quedarnos en una edad deseada pero el tiempo corre para todos. Me ha gustado! Tengo que darte las gracias por pasar siempre a leerme. Un abrazo!!

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    1. Muchas gracias por tus palabras, un verdadero gusto visitar tu blog, saludos.

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  6. A morte é um tema em debate que percorre toda a existência dos humanos por quer é uma realidade certa e irreversível. A mesma faz parte de todo ciclo natural da vida. Quando assumimos a consciência desta realidade apavorante os medos e as inseguranças naturalmente nos perseguem permanentemente. Por isso a nasce a necessidade de uma crença que nos tranquilize e nos der a certeza cabal de uma nova vida pós morte. Havia um período da minha vida que sempre tinha medo da morte; hoje não a vejo mais assim. A vejo como uma realidade normal e o início de uma vida eterna junto a Ressurreição Gloriosa em Cristo Jesus (Respeito os que não creem nesta realidade divina e teológica). Aprendo muito com a leitura das suas maravilhosas postagens um belíssimo trabalho literário de excelência. Bom dia, sucesso e forte abraço amigo.

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    1. Obrigado por suas palavras amigo, pelo presente do seu tempo para ler o meu, lem, calorosas saudações

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  7. Querido amigo, bien podría llamarte hijo y, hasta un poquito nieto también. Todos vamos caminando, paso a paso, día a día, hacía el espacio de la soledad. Hay que aprender a no depender de las atenciones de nadie para tener una vida plena, llena de ilusión y de proyectos, porque seguro que solos no vamos a ver. Todo lo que hoy tenemos a nuestro alcance en nuestra sociedad, que Dios proteja, es tan genial, que si lo sabemos aprovechar, no tiene que ser por fuerza una etapa deprimente. Todos los que estamos viviendo la última etapa de nuestras vidas, unidos, podemos hacer cosas tan positivas y maravillosas, que podemos ser causa de envidia de los más jóvenes. No te deprimas ni preocupe lo que hay más allá. Ahora, estamos en el más acá. Vive con inteligencia por el camino de la eterna superación. Con positivismo, alegría, y cuidando tu salud. Lo más bonito, está por llegar. Un beso.

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    1. Agradezco infinitamente tus cálidas palabras, considero que tienes mucha razón en lo que dices, no creo que la edad adulta sea deprimente per se, para algunos abuelos se vuelve triste porque así se los hacemos ver los más jóvenes, al dejarlos a un lado y no enseñarles amorosamente que son parte esencial de nuestra vida y que a pesar que muchos de sus afectos ya se han marchado, han encontrado otros nuevos y valiosos en nosotros, desgraciadamente cada vez la sociedad es más egocéntrica. Saludos afectuosos

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  8. es amargo como puede llegar a ser la vida, me gustó, no sé si viste El tiempo y los Conway obra de teatro de Priestley, pero habla sobre el tiempo te gustará

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    1. Muchas gracias por regalarme el tiempo para leerlo, aún no he visto la obra que refieres, la desconocía, pero créeme que en cuanto tenga la oportunidad de verla lo haré, desgraciadamente en la ciudad en la que vivo al no ser tan grande no hay muchos grupos de teatro y los que hay usualmente presentan cosas netamente comerciales, de todas formas buscaré el texto en la web. Saludos afectuosos

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