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Este es un espacio creado para tener interacción con todas aquellas personas que se interesen en la novela Para decir adiós: Las dos Princesas, publicada por Editorial Endira, la cual se encuentra a la venta en librerías de México y en todo el mundo mediante Paypal en compra directa aquí en el blog.

lunes, 30 de noviembre de 2015

La victoria de Helios.



Les deseo una excelente fin de semana a todos los que me hacen el favor de leer lo que con mucho aprecio les expongo en este blog de la novela Para decir adiós: Las dos Princesas.

Hoy quiero compartir con ustedes un relato que tiene su origen en cosas muy personales. Cuando yo tenía cinco años y reconvalecía de una enfermedad mi padre me regaló una serie de comics que sin exagerar puedo decir que me cambiaron la vida, desde que vi aquellas llamativas viñetas quedé irremediablemente atrapado por ellas y sucumbí perdidamente ante su encanto.

Gracias a los comics aprendí a leer, ellos abrieron en mí una puerta a la imaginación y finalmente hicieron que la transición a las narraciones sin imágenes fuera más sencilla.

Muchos años después, aquel cariñoso amigo que me obsequió ese portal a la fantasía, falleció víctima de linfoma de hodgkin, en el transcurso de su enfermedad mi padre no perdió la esperanza y peleó como un verdadero héroe.



Me hubiera gustado hacer la siguiente narración con los héroes de DC comics, pero como carezco del permiso para hacerlo con ellos tuve que cambiar los nombres, sin embargo si tú los conoces sabrás a quien corresponde cada personaje, es obvio que Helios es Superman, por lo cual es que utilice una imagen de él,  realizada por el genial Alex Ross en la obra maestra Kingdom Come, una de mis obras favoritas.
Así es como realice un relato de héroes para Juan Jaime Domínguez Castillejos, mi más grande héroe.   



El relato que comparto a continuación es un homenaje a todas las familias que día a día enfrentan al cáncer y busca de una muy humilde manera volverse una contribución para todos los que quieran oponerse a ese terrible mal, al exponerse a través de un pequeño relato el arma que descubrí es infalible para las familias que con enorme valor enfrentan la enfermedad.

La victoria de Helios es un regalo para todos ellos, por favor si quieres copiarlo y compartirlo con alguien que lo necesite por favor siéntete en la libertad de hacerlo, como he dicho es un obsequio, incluso si una asociación o grupo de ayuda contra el cáncer, lo considera útil, pueden imprimirlo libremente es un regalo para ustedes.

Animo y mucho valor.   
    

La victoria de Helios.

De los más de siete mil millones de seres humanos que habitan en el mundo bajo su protección, Helios pensó que ninguno de ellos podría herirlo de tal forma.


El llamado hombre solar volvió de la muerte, él derrotó a la invasión de la inteligencia artificial colectiva conocida como el enjambre, viajó a los confines de la tierra desde los abismos marinos hasta las simas volcánicas más profundas, el hombre del mañana ha soportado incluso el calor de soles más allá de nuestra galaxia.

Hoy, Helios, ya hacía postrado, derrotado, llorando inconsolablemente como un crío, tendido ante la mujer que acababa de golpearlo con toda su furia.


El ser más poderoso del mundo fue derrotado esta tarde, pero los acontecimientos que llevaron a su declive, comenzaron hacía apenas tres días, con la inocente llamada de un niño.


Toto es un pequeño como cualquier otro, ama los videojuegos, las caricaturas y el fútbol, pero hace cuatro meses le fue arrebatado su mayor cómplice de vida, al que ahora ve pasar solo de días malos a días peores, en los cuales tiene que estar encerrado en un cuarto sin poder tener contacto con nadie más que médicos y enfermeras.


A Diego, el hermano mayor de Toto, en el mes de mayo le fue diagnosticada leucemia, desde ese día, el más pequeño de los hermanos ha visto a sus padres sonreír frente a Diego, pero desmoronarse cada vez que creen estar solos. 


Su hermano mayor siempre fue su héroe y la entereza que el chico de 12 años mostraba hacía que a cada minuto Toto lo admirará más.

Al ver llorando a su padre una vez más, el chico decidió tomar cartas en el asunto para evitar que el sufrimiento que destrozaba el alma de su familia continuará, cogió el teléfono y marco el número que tantas veces había visto aparecer por la televisión, una amable voz le contesto, diciéndole:

“Sindicato de la Justicia, señale el tipo de emergencia y en un momento le canalizaremos con la Policía local o si se requiere un héroe le asistirá.”

Toto, suspiro y dijo:


“Necesito, la ayuda de Helios, es urgente, realmente es un caso de vida o muerte.”


La chica al otro lado del teléfono, presionó varios botones del panel que tenía frente si,  respiró profundamente y le señaló con cierto desanimo al chico.


“Helios está atendiendo una emergencia global en la gran nube de Magallanes, pero puedo canalizar a Artemisa para que atienda en el acto tu eventualidad, ella se encuentra cerca de tu localidad.”


En forma atropellada el chico le dijo.


“Esperaré, no hay problema, tiene que ser Helios, solo el hombre solar puede ayudarme puedo esperar aquí a que vuelva de Magallanes.”


La chica sonrió y le dijo a Toto.


“La gran nube de Magallanes es otra galaxia, Helios tardará al menos dos días en volver,  estás seguro que tú emergencia puede esperar hasta entonces, te recuerdo que Artemisa puede volar, es súper fuerte y una guerrera experta.”


El niño ni siquiera consideró la propuesta, de inmediato contesto:


“Lo sé, pero ella no es Helios.” 


Al cabo de tres días, el chico volvió a llamar al Sindicato de la Justicia, morada de los héroes más poderosos del planeta, ahora le respondió otra chica, igual de gentil que la que le había atendido antes, pero con todo y su amabilidad, sin escuchar muchas explicaciones le refirió a Toto:


“El sistema reconoce tu voz muchacho, te canalizaré con un trabajador social para que tome nota de tu inquietud.”


A pesar de los reclamos del chico, tras unos segundo, otra voz le respondió cortésmente:


“Has sido canalizado a asistencia social del Sindicato de la Justicia, dada tu anterior llamada el sistema ha considerado que tus necesidades pueden ser resueltas por un civil, sin la intervención de los héroes más poderosos del planeta.”


El chico quiso gritarle que no necesitaba a ningún trabajador social sino a Helios, el héroe más grandioso de la historia de la humanidad, pero entendió que sus reclamos serían inútiles, así que colgó furioso.


Tras unos minutos en los que desesperado Toto lloró con la cabeza hundida en su almohada, decidió que el tal como Helios y Diego, el tampoco se rendiría sin pelear, el chico se sentó durante largos minutos esperando que una idea le iluminara para resolver su dilema, hasta que palpando se teléfono, la solución llegó a él.


El niño posteó el siguiente mensaje en Facebook, Twitter e incluso escrito en una hoja a la que fotografío para compartirla en instagram y pinterest:


“Te ruego que compartas el siguiente mensaje con todos tus contactos para que ellos a su vez lo compartan con todos:
Helios, tengo ocho años y necesito urgentemente tu ayuda, la vida de mi hermano Diego depende de ello.”


El mensaje finalizaba con la dirección del hospital en el que se encontraba internado Diego.


El mensaje fue compartido una y otra vez, hasta llegar a la redacción del diario “El mundo” en donde el reportero, Claudio Koening lo leyó con suma  atención, saliendo después a toda velocidad del edificio del planeta hasta llegar a un callejón en el cual tras percatarse que nadie lo veía, dejó una estela de luz amarilla de la cual emergió en el cielo, Helios el mortal más poderoso de la tierra.

Diego reconvalecía en su cama tras la pesada carga de la quimioterapia, la cual desde hacía unas semanas le había hecho perder completamente el cabello, hoy no era uno de los días malos, era uno de los peores, pero el valiente jovencito no podía darse el lujo de demostrárselo a sus padres, ahí nadie se rendía y el no sería el primero en quebrantar el juramento.


Mientras Toto intentaba hacer reír a su hermano, un escandaloso barullo llamó poderosamente la atención de todos los que se encontraban en esa ala del hospital, aquella doctora tan amable, aficionada vehemente a los héroes, la cual  pasaba horas con Diego intercambiando cromos de los miembros del sindicato de la justicia, fue la primera en salir a investigar lo que pasaba, tras unos segundos se escuchó un fuerte golpe y el otro joven médico que antes estaba en la habitación tuvo que salir corriendo con urgencia cuando fue informado que la doctora se había desplomado desmayada.


Pasaron solo unos segundos de quietud a los que sobrevino un intenso resplandor que entró por la puerta dejando a los chicos boquiabiertos.


Helios estaba ahí.


Su imponente presencia dejó a todos sin habla, el único que pudo romper el silencio unos segundos después fue Toto, quien emitió un grito de emoción mientras saltaba sin poder detenerse, Diego olvidó totalmente el dolor y emocionado se puso de pie para recibir al legendario  héroe. 


Helios estrechó con sumo cuidado la mano de Diego, acarició la cabeza de Toto y permitió que cada uno de los presentes se tomara con él tantas selfies hasta que hubo pasado más de quince minutos desde su llegada, al final de la sesión fotográfica se dirigió a Diego y le dijo:


“Tienes un hermano que te adora, gracias a su incesante llamado es que estoy aquí, sin embargo Toto, entenderás que no puedo estar con ustedes demasiado tiempo mi trabajo es una batalla interminable, así que dime, ¿qué más puedo hacer por ustedes?”


Viéndole directamente a los ojos, el pequeño le dijo al héroe:


“Diego tiene cáncer.


Él no merece sufrir.”


Helios se quedó estupefacto ante lo que el niño le iba señalando y optó por abandonar el cuarto cuando, Toto añadió:


“Tú puedes doblar el acero, detener una locomotora, volar más rápido que un avión, desintegrar un diamante con tú mirada, no hay un milagro que no puedas hacer.


Por favor salva a mi hermano.”


En el cuarto imperó el silencio ante la partida de Helios, nadie sabía que decir ante la evidente decepción que la acción del héroe había provocado en Diego, el invencible hombre solar se daba a la fuga sin encarar el desafío planteado.


Martha, la madre de Diego y Toto, tomó las manos de sus hijos, le dio un amoroso  beso en la frente al mayor y también abandonó el cuarto, ante el murmullo de todos avanzó por el largo pasillo que llevaba a la estancia en la cual todavía atónito se encontraba inmóvil Helios, quien al ver venir a la desesperada mujer, le dijo:


“No sé qué decirle, perdóneme por favor, hay cosas que ni siquiera yo puedo hacer, solo soy un hombre, no soy un dios que pueda sanar a su hijo.”


La mujer golpeó con todas sus fuerzas a Helios, propinándole una abofeteada que lo único que logró fue que el impacto le fracturara la mano a la desesperada madre, mientras le gritaba a un impotente Helios:


“Cómo te atreves. 


Quién crees que eres tú.


Qué te da el derecho de robarle la esperanza a mis hijos.”


Era imposible que Helios sintiera aquel impacto, su piel era más fuerte que cualquier superficie sobre la faz de la tierra, sin embargo el golpe lo lastimó, más que cualquier otro ataque que hubiera sufrido en su vida.


Helios quiso hablar pero no pudo, no tenía el valor para emitir palabra alguna, ante su silencio la mujer le gritó con más fuerza:


“Has roto su corazón, los médicos le han dicho a mi hijo que esta desahuciado, que solo están luchando por prolongar su vida.


Su padre y yo nos hemos quebrado por dentro, estamos despedazados, si teníamos un alma en nuestro cuerpo ahora ahí ya no hay nada, sin embargo cada mañana Diego nos ve presentarnos ante él con una enorme sonrisa para decirle  que no podemos rendirnos, que buscaremos la forma en la que él y nosotros podremos  salir adelante.


Él es un chico tan valiente, solo una vez ha llorado frente a nosotros, creo que es el único que sin decirlo ha aceptado su destino, en cambio nosotros le prometemos cada día que buscaremos otras opciones, que este no es el fin de la batalla.”


El abatido héroe por fin respondió:


“Señora…ustedes le están mintiendo.


Yo puedo hacer cosas que nadie más en el mundo podría realizar, pero no puedo sanar a las personas, sería irresponsable otorgarle a su hijo la ilusión de algo que no podré realizar, incluso sería cruel.”


Iracunda, Martha le gritó:


“Y tú crees que no estamos nosotros consientes de la ilusión que nuestras palabras constituyen para nuestro hijo.


Desde que supe que Diego estaba enfermo, todas y cada una de mis creencias han sido cuestionadas, le rogué con toda mi fuerza a dios que mi niño no tuviera esta maldita enfermedad, pero él no me escuchó, entonces me arrodillé y le suplique que me lo curará y lo único que obtuve como respuesta fue a los médicos diciéndome que mi pequeño estaba condenado.


Entonces, por un momento lo odie, lo odie con todo el corazón, mientras me pregunté qué clase de dios condena a un inocente con una vida por delante, por qué no le enviaba esta maldición a un criminal, por qué no me la enviaba a mi misma en lugar de a mi niño, por qué no le permitiría seguir amando, tener un futuro y darme al menos un nieto,  me llené de rabia y entonces me desmoroné y creí enloquecer, pero ese era un lujo que como madre no podía darme, yo debía permanecer fuerte para él.


Busque la fuerza necesaria para presentarme ante él sin lucir destrozada, e irónicamente dicha fuerza la encontré nuevamente en mi fe, me dije que quizá el señor quiere a mi Diego porque necesita ángeles a su lado, que es probable que nos esté poniendo una prueba para demostrarle que no podemos rendirnos, que él dejará de sufrir e irá a un lugar mejor.


Tú crees que no me preguntó cada mañana si no es qué me estoy aferrando tan solo a una ilusión.


Sin embargo no me importa darle la espalda a la verdad si eso me da la fuerza necesaria para darle en estos momentos a mi niño lo único que le puedo brindar.”

Pasaron unos segundos y Helios, el invencible héroe de mil batallas, el hombre del mañana, se desmoronó indefenso como un niño, postrado ante los pies de la mujer,  llorando sin poder detenerse.


Conmovida, la madre se arrodilló, le abrazó consolándolo y le dijo, esbozando una ligera sonrisa:


“Mírame, no puedo hacer mucho por mi hijo y aquí estoy, en medio de un hospital consolando al mortal más poderoso del planeta.”   


Tras instantes de profundo silencio, el abrazo se partió y Helios se alejó sin siquiera voltear a ver a Martha.

Desde que Diego fue diagnosticado con la enfermedad, para él había días malos y días peores, cinco días después de la partida de Helios, era el más terrible de todos, el chico se encontraba sumido en la cama, sin ánimo de nada, esa tarde ni la amable doctora que adoraba a los héroes, ni el doctor, con cara de enterrador, que gentilmente se ponía una nariz de payaso cada que se presentaba ante los niños sin por lo menos cambiar un poco su adusta expresión, habían logrado extraerle una sonrisa, incluso la presencia de Toto había pasado casi inadvertida para él, pero eso fue hasta que él entró. 


Era como la presencia de un ángel brillante que ha descendido para ver de cerca a los hombres, el efecto al ver a aquel ser luminoso fue el mismo que en la ocasión anterior, la emoción de todos los presentes fue extrema, hasta que Helios habló y les pidió dejarlo solo con la familia de Diego.


Toto se abrazó fuertemente a su pecho, sabía que la presencia del ser más poderoso sobre la tierra solo podía significar algo para su hermano, Helios quien desde que llegó no había dejado de sonreír le devolvió la gentileza al chico, entonces tras unos segundos lo apartó y se dirigió hasta quedar justamente al lado de Diego, a quién le dijo:


“Estoy muy apenado, el otro día tuve que partir urgentemente, sabes de mi súper oído verdad.”


El chico asintió, mientras el héroe continuaba diciéndole: 


“Escuche una llamada de auxilio del Rayo, él podrá ser incluso más veloz que yo, pero se necesita más que solo velocidad para enfrentarse a Hades, mi némesis,  entonces tuve que irme o el Rayo podría haber perecido en un instante, otro día te contaré la batalla y le pediré al Rayo y Artemisa que vengan a conocerte.


Eso será en otra ocasión, pues hoy no solo he venido a disculparme.”


El chico sonrió por primera vez en ese día, mientras Helios, seguía diciendo:


“Estoy aquí para decirte todo lo que no pude expresar ese día,  Toto me pidió algo y he venido a intentarlo, no puedo prometerte que funcionará, pero te juro que no dejaré de intentarlo.”


Martha abrazó a Diego y ante la sonrisa de oreja a oreja que se había dibujado en el rostro del chico, su madre  por primera vez se permitió llorar delante de él.


Helios tomó la mano de Diego, la acercó a su corazón y le dijo:

“Debes repetir conmigo: 

Si tú no te rindes, yo no lo haré” 


El héroe finalizó el juramento dando un beso en la frente del chico y luego partió dejando tras de sí un invaluable regalo para Diego y su familia.


Desde que Diego fue diagnosticado con la enfermedad, para él hubo días malos y días peores, tras la llegada de Helios también hubo días de esperanza.

10 comentarios:

  1. Gracias por compartir una historia tan hermosa! Yo he vivido el cáncer y es algo complicado. Gracias a Dios y a tantas personas que me acompañaron en la batalla sigo con vida. Historias cómo esta realmente nos mueven emociones y en lo personal me ayudaron a continuar.

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    1. Te deseo de corazón que hayas dejado atras la enfermedad y que hayas resurgido de ella más fuerte y con más esperanza, mi padre nunca dejó de rezar y de decirnos cosas hermosas, Te envio un afectuoso abrazo.

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  2. Dios te llene de bendiciones jfdominguezaguilar!

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    1. Bendiciones para ti, animo y no abandones la esperanza.

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  3. Dios te llene de bendiciones jfdominguezaguilar!

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  4. Excelente, estimado J. F. Dominguez, conmovedor, hermoso y lleno de esperanza, con gusto lo compartiré. Un abrazo!

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    1. Muchas gracias por el comentario, saludos y abrazos.

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  5. Excelente historia.Dios colme de valor y esperanza a las personas que padecen esta horrenda enfermedad.Un abrazo a todos.

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  6. Excelente historia.Dios colme de valor y esperanza a las personas que padecen esta horrenda enfermedad.Un abrazo a todos.

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  7. Muchas gracias por tus palabras y las bendiciones para los enfermos. saludos

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